Envejecer es tarea desagradable, no lo niego.
Rodeado de objetos comunes, vajillas plásticas,
cornamentas colgando en el vestíbulo,
trajes tenuemente coloreados por el tiempo
y un reloj reluciente, señalando el paso.

Envejecer puede ser oficio digno
cuando se tiene cerca la mano de la muerte
y se aprende a ser su amigo y nunca el adversario.
Es importante amar para saber envejecer.
En singular, o en plural, la vida adquiere
un tono diferente.

Se vive para morir, abierta la sonrisa.
Como si la muerte fuera una mariposa
y el seguir erguido, entre la muchedumbre,
el dulce oficio de saberse eterno
bajo el rocío de la mañana.

Alfonso Chase©

Escritor y ensayista nacido en Cartago, Costa Rica, 1944. Es fundador de la Asociación de Escritores de América Central, Guatemala, 1993, así como del capítulo costarricense del Pen Club Internacional (1955). Es Catedrático de literatura de la Universidad Nacional donde labora en Estudios Generales. Ha escrito cuento, novela y literatura para niños. Sus libros en poesía son: Los reinos de mi mundo (1966), Árbol del tiempo (1967), Cuerpos (1972), El libro de la patria (1975), Los pies sobre la tierra (1978), El tigre luminoso (1983), Entre el ojo y la noche (1991) y Jardines de asfalto (1995). Mantiene inédito el poemario El libro de los resplandores. Ganador del Premio Nacional de Literatura de Costa Rica y el Premio Centroamericano de Poesía.