Entre el árbol y el agua que extermina,
junto a su tronco resonante y duro
se ahoga el mundo y renazco ante la espina.

     Contra un rasgueo triste, vago, oscuro
bastimento del pecho en correntada,
una creciente de contorno puro.

    Tornan a su lugar los rostros. Nada.
Horizontal y lentamente asida
boya la voz en una remansada.

    A la orilla. Detrás, mengua la herida,
envejecen el yugo y la coyunda,
la médula en cenizas nos olvida.

     Mas surge una guarania y me circunda
los huesos y el rezumo de mi nombre,
favorece mi sangre más profunda

      y me declara que el dolor y el hombre
se hospedan dentro de su mismo canto
y aunque recuerde el grito, aunque me asombre,

       trajinan solos, cierran mi quebranto
y al tocar su horizonte descoyuntan
estrellas sobre el filo de mi llanto.

      Al ser así, los huesos me repuntan
hacia un paraje antiguo de agonía
y por el centro, ahí donde se ayuntan

      guitarras de vigilia y travesía
y el pulso grave, ciegamente fuerte,
de un jazmín al parral del mediodía,

     sin adiós ni temblor, azul de suerte,
por turbios tajamares jalonado,
es sutil el pregusto de mi muerte.

     Y en silencio auxiliar, arrebatado,
principio pues y sigo, alfar del hueco,
del molde de mi cuerpo desatado,

    con sed desierta y despertar reseco,
con palabras de olor caliente, pleno
en la curva nocturna, eco tras eco

    de mi valle frutal cierto y moreno
en las cumbres del sueño, ya con rojos
machetes como nervios, al sereno,

    termino acá, con un farol por ojos,
y arribeño del alba, rabelero,
aún con puños, con últimos despojos,

    en diagonal perdida de lucero
entrego para el viento del poniente
esta picada abierta a sol entero
desde mi propia tierra hasta mi frente.

Carlos Villagra Marsal©

Asunción, Paraguay, 1932. Poeta, narrador, ensayista e intelectual paraguayo. Fue director de la Tertulia Literaria Hispanoamericana de Asunción. Actualmente es profesor de Literatura guaraní en la Universidad Católica y en la Universidad Nacional Asunción. Cofundador de Alcándara Editora, fue su director desde 1982 hasta 1988. Condujo además la Editorial Araverá desde 1985 hasta 1987. Ha escrito varios libros, ensayos y comentarios críticos aparecidos en diversos semanarios culturales y publicaciones literarias nacionales y extranjeras.