Fun un domingo,
fun pola tarde,
co sol que baixa
tras dos pinares,
cas nubes brancas
sombra dos ánxeles,
cas palomiñas
que as alas baten,
con un batido
manso e suave,
atravesando
vagos celaxes,
mundos extraños
que en raios parten
ricos tesouros
de ouro e diamante.
Pasín os montes,
montes e valles,
pasín llanuras
e soledades;
pasín os regos,
pasín os mares,
con pés enxoitos
e sin cansarme.

Colleume a noite,
noite brillante,
cunha luniña
feitas de xaspes,
e fun con ela
camiño adiante,
cas estreliñas
para guiarme,
que aquel camiño
solo elas saben.

Dempois a aurora
co seu sembrante
feito de rosas
veu a alumbrarme,
e vin estonces,
antre o ramaxe
de olmos e pinos,
acobexarse
branca casiña
con palomare,
donde as pombiñas
entran e saien.
Nela se escoitan
doces cantares,
nela garulan
mozos galantes
cas rapaciñas
de outros lugares.

Todo é contento,
todo é folgare,
mentras a pedra
bate que bate,
mole que mole,
dálle que dálle,
con lindo gusto
faille compases.

Non hai sitiño
que máis me agrade
que aquel muíño
dos castañares,
donde hai meniñas,
donde hai rapaces,
que ricamente
saben loitare;
donde rechinan
hasta cansarse
mozos e vellos,
nenos e grandes,
e anque non queren
que aló me baixe,
sin que o soupera
na casa naide,
fun ó muíño
do meu compadre;
fun polo vento,
vin polo aire.

Rosalía de Castro©

Poeta gallega cuya obra, escrita en ésta lengua y en castellano, supuso junto con la de Bécquer, el inicio de la poesía española moderna. Todavía es ampliamente leída y sigue mereciendo constante atención crítica. Nació en Santiago de Compostela, hija de una mujer soltera de buena familia y de un seminarista. Su nodriza le enseñó la lengua gallega y le hizo conocer la poesía popular en esa lengua. En Madrid, ciudad donde se trasladó por razones familiares en 1856, conoce a Manuel Murguía, con el que se casó dos años más tarde y quien la puso en contacto con Bécquer y su círculo. En 1857 publicó su primer libro poético, La Flor, al que siguieron Cantares gallegos, de 1863, y Follas Novas, de 1880, ambos en gallego. Su obra principal, A las orillas del Sar, se publicó en castellano en 1884. Tuvo seis hijos, pero su matrimonio no parece que fuera feliz. Su salud fue delicada y su temperamento claramente depresivo. Con Cantares gallegos se situó como precursora, junto a Curros Enríquez y Pondal, del Rexurdimento cultural de Galicia. El libro tiene reminiscencias de la antigua lírica gallego-portuguesa, especialmente de la popular, con notables innovaciones métricas, y protesta contra el centralismo castellano y la vida miserable del campesino gallego que le obliga a emigrar. Por su parte, en Follas Novas, ve el mundo como adversidad, y la existencia humana como dolor, con toques intimistas. Algunos críticos lo consideran el mejor de toda la poesía gallega. En las orillas del Sar cambió de idioma, quizá porque Rosalía creyó agotadas las posibilidades literarias del gallego. Sus poemas, desprovistos de cualquier esperanza, suponen un punto de partida de la lírica moderna. Rompen con las formas métricas de su tiempo y presentan unas imágenes religiosas inquietantes y muy poco tradicionales. Galicia sólo aparece episódicamente, aunque ciertas metáforas evocan realidades de su país que es preciso defender. La emoción personal ante la felicidad que nunca se consigue resume la tremenda inutilidad que implica la aspiración a la belleza sobrenatural. Algunos de sus símbolos inspirarán a Antonio Machado. Por su parte, Juan Ramón Jiménez la sitúa entre los predecesores de la revolución poética iniciada por Rubén Darío. La crítica actual subraya su feminismo pionero. Rosalía de Castro también fue autora de las novelas La hija del mar (1859), de carácter folletinesco; Flavio (1861), una novela sobre la imposibilidad del amor, y la costumbrista Ruinas (1866). Además publicó las tituladas El caballero de las botas azules, en 1867, y El primer loco, en 1881. La crítica las sitúa muy por debajo de su poesía, aunque destaca los elementos fantasiosos y poco usuales en la narrativa de su época. Desde 1874 vivió en Galicia, y murió en 1885 en Padrón, A Coruña.