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Una vieja flaca y traposa
como un arbusto seco en este aire polvoriento
espera que su perra de tetas fláccidas
beba el agua turbia de la acequia de los maizales.

Mientras espera, embozada en su manta,
nos observa largamente: pasajeros aburridos
de un ómnibus cuyo desmañado conductor
mea como un caballo detrás de una tapia.

La perra ahíta se le va
pero regresará pronto con más perritos.
En este caserío tan pequeño
nadie se aleja nunca.

El ómnibus reanuda su marcha
y los pies de la vieja ahora parecen penetrar
el subsuelo. Como la Baucis del mito,
enraizada, ya no dará un paso más, y el sol
que se enciende de súbito
la convierte a lo lejos en una fogata oscura.

José Watanabe©

 

(1946 – 2007) Nació en Laredo, Trujillo (norte del Perú). Su madre, de origen serrano, fue enganchada en plena juventud para trabajar en las haciendas azucareras. Su padre era un inmigrante japonés con una distinción muy especial: poseía una gran cultura. Leía mucho, era pintor. Sabía hablar inglés y francés.
Por su vocación plástica, por la Escuela de Bellas Artes de Trujillo.
Realizó estudios de arquitectura en la universidad Federico Villarreal.
Incursionó en la televisión como director del programa infantil La casa de cartón, que producía el INTE en los años setenta. A fines de los sesenta se inició en el cine como guionista y como director artístico (escenografía, vestuario y maquillaje).
Publicó su primer libro, Álbum de familia, en 1971 que mereció el premio Poeta Joven del Perú. Su segundo libro, El huso de la palabra (1989), fue considerado por la crítica nacional como el poemario más importante de la década de los ochenta. Antígona "lo muestra como un dramaturgo de mucha potencia".
Como cineasta es autor de varios guiones, destacando entre ellos los que escribiera para las películas Maruja en el infierno, La ciudad y los perros y Alias La Gringa.

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Puede que él no sepa de mujeres fenicias
ni de galeones españoles
ni de sefarditas con su ladino de siempre
en África o Nueva York.
 
Pero ella, más torrencial parpadea 
y habla según sus cálculos
de mares de mediodía
con sus fragatas inglesas
con algo del Caribe filtrado
ventarrones por añadidura,
y por análogas razones
de atmósferas con peces de colores
y señoritas con su cuerpo a la vista.
 
Entonces él reconoce su ignorancia
de esos desusados hombres,
accede a que ella desafíe sus saberes,
no de Ovidio ni los dioses griegos,
menos sus conocimientos de geografía,
sino aquellos que resumen miserias
morales y dudosas legalidades.
 
Siendo así las cosas, 
ella muestra su espinazo
entrado en eternidades 
para danzar en el corredor 
con un silencio que no se mueve 
más allá de sus fronteras 
en la palma del sueño.

Gerardo Guinea Diez©

Escritor y editor, nació en Guatemala el 13 de septiembre de 1955. Realizó estudios de Derecho en la Universidad de San Carlos de Guatemala, de Sociología en la Universidad Iberoamericana en México, y educación continua de literatura en el teatro GADEM, de Guatemala.

Novela: “El amargo afan de la desmuerte”, Editorial Praxis, México, 1993. “Por qué maté a Bob Hope” Editorial Praxis, México, 1994. Editorial Cultura, Guatemala, 1998. “Exul umbra” Editorial Cultura, Guatemala, 1997. Magna Terra Editores, Guatemala, 2000, “Calamadres”. Magna Terra Editores, Guatemala, 2002.

Poesía: “Horarios de lo efímero y lo perdurable”, Magna Terra editores, Guatemala, 1995. “Ser ante los ojos” (Premio Nacional de Poesía, Cesar Brañas), (poema de 90 páginas.) Letra Negra, Guatemala, 2000. Magna Terra editores, Guatemala, 2001. Editorial Larmatann, París, Francia, noviembre 2002. “Raiz del cielo”, Práxis, México, 2003.

“Poemas para el martes” (Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón 2006), Editorial Cultura, Guatemala, 2006.

Ensayo: “Pasión de la memoria, Guatemala ante el fin de siglo” Editorial Práxis, México, 1994.

Biografía: “Mario Monteforte Toledo, diccionario privado”, Magna Terra editores, Guatemala, 2002 (coautoria con J.L. Perdomo).

Cuento: “Las criaturas del aire”, Visión Guatemala, 2001. Bibliotecas Presidenciales para la Paz, Guatemala, 2002 Niños de Guatemala.

Otros: Publicación de más de 150 artículos sobre: Entrevistas, ensayos, crónicas, reseñas y reportajes. Inclusión en 2 diccionarios y en 3 antologías de poesía.

Su experiencia como director editorial es muy amplia, desarrollada en nuestro país y en México, tanto en revistas como en periódicos. Actualmente es editor encargado de más de 500 títulos, es director de Magna Terra Editores. Ha escrito innumerables reseñas , referencias críticas y entrevistas en televisión, radio, periódicos y revistas de México, El Salvador, Costar Rica, Guatemala y Francia. Premios: Premio Nacional de poesía Cesar Brañas, 2000. Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón 2006.

Estás parado en la esquina esperando el colectivo
y sin embargo ——–es como si no estuvieras ahí
has regresado ——-al lado oscuro de tu memoria
a esa pesadilla de la noche anterior
un torbellino de confusas imágenes -en las que se
destaca una lápida -sin inscripciones o fechas—-y
un pájaro negro —-con un pico de oro que intenta
decirte algo -pero habla una lengua desconocida
cerrás los ojos -pasa el colectivo y ahora —–estás
al borde de tu cama -mirando la luz azulada—-que
se filtra por las ranuras de la persiana -irradiándose
en las infinitas partículas -que sostiene el aire
……..abrís los ojos y — no sabés que pensar

Esteban Moore©

Nacido en Buenos Aires, 1952. Poeta, traductor y periodista. En poesía ha publicado: La noche en llamas (1982), Providencia terrenal (1983), Con Bogey en Casablanca (1987), Poemas 1982-1987 (1988), Tiempos que van (1994), Instantáneas de fin de siglo (Montevideo, 1999), Partes Mínimas y otros poemas (Mar del Plata, 1999).

Ha dado a conocer traducciones de Charles Bukowsky, Raymond Carver, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, Gregory Corso, Gary Snyder, Bill Berkson, Anne Waldman, Andrei Codrescu, Seamus Heaney, entre otros.

En 1996, la UNESCO publicó sus traducciones de Lawrence Ferlinghetti, América desierta y otros poemas, (Ediciones Graffiti/Unesco, Montevideo Uruguay).

La poesía de Esteban Moore, ofrece, tres rasgos distintivos, que parecieran coincidir con los diferentes períodos creativos del autor. Primero, su acento cargado en lo paradojal y sorprendente que contribuye a subrayar la vivencia de lo real como indeterminación e imponderabilidad. Así en La noche en llamas (1982) exhibe una rigurosidad extrema, con versos que traducen una angustiosa realidad, forma expresiva que se prolonga con un &superior de austeridad&(1983), aunque los poemas que lo componen están más vinculados con el paisaje natural, y cierta actitud del poeta donde se registran sensaciones impulsadas por circunstancias personales. Textos agudos y breves donde el repliegue auto-crítico hace de su economía verbal su mayor logro. Los poemas de Moore en este sentido &ricos por lo mucho que poseen, sino por lo poco que necesitan para existir. De ahí que la expresividad de la poesía de Moore ( entendida como &es el resultado de la concisión en los medios utilizados, del valor, y del poder de convocatoria de las palabras. Poesía contenida, intensa, y a la vez cargada de sugerencias, plus que se proyecta más allá del lenguaje concreto.

En segundo lugar, observamos la valorización de un fraseo entrecortado con el cual se consuma el alejamiento gradual de la poesía sobrecargada de imágenes, en favor de una potenciación inconfundiblemente lírica de ritmos y sonororidades propias del objetivismo y la poesía coloquial. Como dijera Joaquín O. Giannuzzi a propósito de los poemas de Moore: &en las cosas y el mundo total.&es una voz que hiere la materia para percibir un matiz distinto, una incorporación al texto del suceder exterior como un modo de sobresalto diferente. En cuanto al tono, un registro sobresaliente que opera a la manera de una constante es la ironía de las composiciones, y una suerte de neutralidad propias de un lirismo melancólico, que ponen de manifiesto lo que creo, es el núcleo temático, el mínimo común denominador de la obra poética de Esteban Moore: ¿es la memoria una forma de olvido? ¿Es el olvido más tenaz que la memoria?.

La tercera de las características es la disolución de las fronteras precisas entre realidad externa e interna, objetiva y subjetiva, a favor de un todo que se caracteriza por la hibridez y la contigüidad. Pérdida irremediable de la imagen &realidad, la mirada de lo cotidiano y la experiencia personal se han conjugado dialécticamente.

Apoyo un lápiz en el vacío.

Una miríada de nombres
se pierde
en el acto trivial de elegir
una frase
una palabra
la letra.

Como el tranvía de Gaudí
los trenes sembrarán
vidas inconclusas.

No nos queda
sino esperar.

Edith Goel©

Nacida en Argentina (1952). Es profesora de lengua y literatura española, ilustradora, artista plástica y traductora del hebreo al castellano, y ha obtenido varios premios literarios como: Lucila Palacios (Venezuela), Cosquín (Argentina), Bartolomé Mitre (Argentina), Revista de los Poetas (Argentina), Voces Nuevas (Torremozas, España), Ocho Venado 2001 (México). Web: La Blinda y Niedernegasse. Sus textos han aparecido en antologías y en páginas literarias de Internet, y han sido traducidos a varios idiomas. Presidió la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana. Reside en Rishón LetZíon, Israel.

Cruzando los salitrales
uno se muere de sed.
Aquello es puro desierto
Y allí no hay nada que hacer.
Trabajo, quiero trabajo
Porque esto no puede ser
Un día veré al desierto
Convertido en un vergel.

El río es puro paisaje,
Lejos sus aguas se van,
Pero mis campos se queman
Sin acequias ni canal.
Trabajo, quiero trabajo,
Porque esto no puede ser,
Un día veré a mi campo
Convertido en un vergel.

Las entrañas de la tierra
Va el minero á revolver.
Saca tesoros ajenos
Y muere de hambre después.

Trabajo, quiero trabajo
Porque esto no puede ser.
No quiero que nadie pase
Las penas que yo pasé.

Despacito, paisanito,
Despacito y tenga fe,
Que en la noche del minero
Ya comienza á amanecer.

Trabajo, quiero trabajo,
Porque esto no puede ser.

Atahualpa Yupanqui

Héctor Roberto Chavero, nació en Pergamino (Prov. Buenos Aires) el 22 de enero de 1908. Cantor, guitarrista, poeta, compositor, recopilador. Hizo sus primeros estudios musicales con el Padre Rosáenz. Más tarde aprendió guitarra en Junín (Prov. Buenos Aires) con Bautista Almirón. En 1918 su familia se trasladó a Tucumán. En 1923 murió su padre, por lo que tornó a radicarse con los suyos en Junín. En 1926 escribió Camino del indio. Emprendió un viaje a Jujuy, Bolivia y los Valles Calchaquíes. En 1931 recorrió Entre Ríos, afincándose un tiempo en Tala. Participó en la fracasada sublevación de los hermanos Kennedy, por lo que debió exiliarse en Uruguay. Pasó por Montevideo, para luego dirigirse al interior oriental y el sur del Brasil. En 1934 reingresó a la Argentina por Entre Ríos y se radicó en Rosario (Prov. Santa Fe). En 1935 se estableció en Raco (Prov. Tucumán) Pasó brevemente por la ciudad de Buenos Aires -donde diversos intérpretes comenzaban a popularizar sus canciones- para actuar en radio. Recorrió después Santiago del Estero, para retornar por unos meses a Raco en 1936. Realizó una incursión por Catamarca, Salta y Jujuy. Más tarde visitó nuevamente el Altiplano en busca de testimonios de las viejas culturas aborígenes. Retornó a los Valles Calchaquíes, recorrió a lomo de mula los senderos jujeños y residió por un tiempo en Cochangasta (Prov. La Rioja). A principios de la década del ’40, en Tucumán se casó con María Martínez, pero el matrimonio fracasó. Poco después conoció en Córdoba a Paule Pepin Fitzpatrick, "Nenette", quien sería su definitiva compañera y colaboradora musical con el seudónimo "Pablo Del Cerro". Algo más tarde se editó "Piedra sola", su primer libro. En 1944, durante otra incursión por las provincias del noroeste creó El arriero. A poco debió abandonar Raco, episodio que dio origen a sus sentidas zambas Adiós Tucumán y La añera (1946). Enfrentado al régimen militar triunfante, desde 1946 a 1949, sufrió persecuciones, proscripción y cárcel. En 1950 pasó a Uruguay y desde allí a Europa. En París, Edith Piaf le dio la oportunidad de compartir el escenario, debutando en junio de ese año. A partir de allí, realizó varias giras por el Viejo Continente. Regresó a Buenos Aires en 1952. A causa de sus críticas fue expulsado del Partido Comunista, lo que le facilitó el reingreso a las radios, pero le valió las críticas de propios y extraños, que no sabían dónde encasillarlo. Así en 1956, derrocado el peronismo, también fue perseguido por los militares antiperonistas. Pasó unos años alternando entre sus residencias de Buenos Aires y de Cerros Colorados (Prov. de Córdoba), hasta que en 1963/64 emprendió una serie de viajes a Colombia, Japón, Marruecos, Egipto, Israel e Italia. En 1965 se editó el disco El payador perseguido. Durante 1967 recorrió en giras toda España, para luego instalarse casi definitivamente en París con periódicos regresos a la Argentina que, con el advenimiento en 1976 de la dictadura militar, se hicieron menos frecuentes. Recién en 1979 volvió a presentarse en su país. Sus actuaciones en Europa comenzaron a espaciarse a causa de algunos trastornos de salud. En 1986 Francia lo condecoró como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En 1987 volvió al país para recibir el homenaje de la Universidad de Tucumán. Debió internarse en Buenos Aires en 1989 para superar una dolencia cardíaca, pese a lo cual en enero de 1990 participó en el Festival de Cosquín. En noviembre de ese año murió Nenette. Sin embargo, a los pocos días Yupanqui cumplió un compromiso artístico en París. Volvió a Francia en 1992 para actuar en Nimes pero se indispuso y allí murió el 23 de mayo. Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y descansan en Cerros Colorados. Dejó innumerables obras para el cancionero argentino de raíz folklórica. Como escritor, publicó Piedra sola (1940), Aires indios (1943), Cerro Bayo (1953), Guitarra (1960), El canto del viento (1965), El payador perseguido (1972) y La Capataza, (1992).

Una pequeña tarea como esta de
cortar el pan y llevarlo a la mesa,
empieza y luego acaba
-círculo de sentido que se cierra-
la pequeña molécula de un proyecto
/cumplido.

¿Trivial? Tal vez, pero mira dibujarse
con perfección acabadísima
cada gesto enlazado en el siguiente
anillado en la suave
espiral invisible
que va del pensamiento hacia la mano
del ojo hacia el cuchillo.

Circe Maia©

Nació en Montevideo en 1932. Pasó gran parte de su infancia en Tacuarembó, vuelve a Montevideo, y ya casada, se trasladó nuevamente a Tacuarembó.
Comenzó precozmente su tarea literaria, publicando su primer libro "Plumitas" a los 12 años. Luego "En el Tiempo" en 1958, "Presencia diaria" (1964), "El puente" (1970). A través de su obra podemos conocer a la poetisa que supo utilizar un "lenguaje simple", directo, sobrio; los objetos: la leche, el azúcar, el pan; las personas, las muertes cercanas, es decir, lo cotidiano.
Circe ha declarado que su trabajo poético "ve en la experiencia diaria, viva, una de las fuentes más auténticas de poesía".
Ha ejercido como docente de Filosofía y traductora, ha leído textos filosóficos que influyeron en su manera de ver las cosas. Participó en 1992 del Encuentro de escritores y traductores de Delfos, en Grecia.
Otras obras: "Destrucciones" (1986), donde habla de la pérdida de su hijo, muerto en un accidente, "Un viaje a Salto"(1987) que incluye un diario personal de la época de la dictadura, cuando su marido fue encarcelado, "Superficies"(1990), "De lo visible" (1998) y "Obra poética" (2007) una recopilación de todos sus poemas .
Varios de sus poemas han sido musicalizados por Daniel Viglietti y Numa Moraes.

Eramos dioses y nos volvieron esclavos.
Eramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata.
Eramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.
Eramos felices y nos civilizaron.
Quién refrescará la memoria de la tribu.
Quién revivirá nuestros dioses.
Que la salvaje esperanza sea siempre tuya,
querida alma inamansable.

Gonzalo Arango©

 

Andes, Antioquia, Colombia -1931 – 1976. Escritor colombiano. Cuentista, ensayista, dramaturgo, novelista, poeta y periodista colaborador de El Colombiano, El Espectador, El Tiempo, Cromos y Revista Universidad de Antioquia. En 1958 fundó el nadaísmo, movimiento de vanguardia de repercusión nacional, que intentó romper con la Academia de la Lengua, la literatura y la moral tradicionales. En la música norteamericana y del Caribe de la década de 1960 el movimiento buscó un léxico renovado, optó por el humor y el mundo urbano para situar la obra literaria y la crítica a la sociedad. Arango publicó el Manifiesto nadaísta (1958), varios libros de poesía y cuentos entre los cuales se destacan: Sexo y Saxofón (1963) y Prosas para leer en la silla eléctrica. Como dramaturgo escribió Prometeo desencadenado (laureado en el concurso de teatro de 1963), Susana Santa, Los Nadaístas, Los ratones van al infierno, Nada bajo el Cielo Raso (1960) y La Consagración de la Nada (1964). 

Bajo el sol andamos atados a la noche.

Pero el tiempo no nos dice nada,

ni la lluvia ni el destino

sino esforzamos nuestro pecho

para labrarnos un camino para andar.

Bajo el sol quedamos atados a la noche.

Que la lumbre a nuestros ojos llegue

como celestial prodigio, y nos levantaremos,

a recorrer nuestros errores,

en silencio, cansados o dormidos.

Bajo el sol andamos atados a la noche.

Como aves dispersadas por el viento,

entre borrasca y borrasca,

buscamos el árbol que sembraron nuestros padres

siendo niños, para que seamos diferentes.

Bajo el sol atados nuestros pies a la noche.

Ni viento ni ventana vemos,

en el limbo  desnutrido de los días,

que con ardor efímero pasamos,

el tiempo, el alba que no supimos abrazar.

Bajo el sol atadas nuestras manos a la noche.

Pasamos sin haber labrado la piedra,

la dura piedra de nuestro pobre corazón.

Vanidades son las cosas que nos pierden,

aquellas que nos malogra las noches y los días.

Bajo el sol perdidos nuestros pasos en la noche.

De una lumbre a otra pasamos

sin habernos conocido,

sin haber escrito nuestro nombre

en el árbol o en el cristalino río de la vida.

Porfirio Mamani Macedo©

Nació en 1963 Arequipa, Perú. Es doctor en Letras en la Universidad de la Sorbona. Se ha graduado también de abogado en la Universidad Católica de Santa María, y ha hecho estudios de Literatura en la Universidad de San Agustín (Arequipa). Ha publicado, entre otros libros: Ecos de la Memoria (poesía) Editions Haravi, Lima, Pérou, 1988.  Les Vigies (cuentos) Editions L’Harmattan, Paris, 1997. Voz a orillas de un río/Voix sur les rives d’un fleuve  (poesía) Editiones Editinter, 2002.  Le jardin el l’oubli , (novela), Ediciones L’Harmattan, 2002.  Más allá del día/Au-delà du jour  (poemas en prosa), Editiones Editinter, 2000Flora Tristan, La paria et la femme Etrangère dans son œuvre , L’Harmattan, 2003.(Ensayo).  Voix au-delà de frontière , L’Harmattan, 2003.  Un été à voix haute , Trident neuf, 2004. Poème à une étrangère, Editions Editinter, 2005. Avant de dormir, L’Harmattan, 2006. La sociedad peruana en la obra de José María Arguedas (El zorro de arriba y el zorro de abajo), Lima, Fondo Editorial de la Universidad Mayor de San Marcos, 2007. Représentation de la société péruvienne au XXème siécle dans l’œuvre de Julio Ramón Ribeyro. Paris, Editions L’Harmattan, 2007. Lluvia después de mi caída y un Requien para Darfur, Lima, Hipocampo Editores, 2008. Tres poética entre la guerra civil española y el exilio: Miguel Hernández, Rafael Alberti y Max Aub, Lima, Fondo Editorial de la Universidad Mayor de San Marcos, 2009. Antes del sueño, Lima, Editorial San Marcos, 2009. Ha enseñado en varias universidades francesas. Actualmente enseña  en Sorbonne Nouvelle-Paris III, y en la Universidad de Picadie Jules Verne. Ha merecido reconocimientos como  la Medalla de Oro de la Cultura, otorgada por la Municipalidad Provincial de Arequipa. Fue un Autor invitado por La Maison internationale des poètes  et des écrivains de Saint-Malo (France).

A los viajeros del alba

Mi interés por la poesía, especialmente por la poesía colombiana, es muy remoto. La primera vez que tuve en mis manos un libro de poemas, las palabras despedían un casto olor alcanforado que me crispó los pelos. Entre los poemas que nos dejó Julio Flores (l867-l923), hay un reguero de brumas, lágrimas, cadáveres y bambucos que en noches de luna y calles solitarias algún guitarrero se atrevía a cantar a su amada con suma melancolía. En alguna de esas calles, José Asunción Silva (l865-l896) hijo predilecto del modernismo, asomó la cabeza por la ventana de su habitación, solemne y cargado de melancolía dijo:

“¡La sombra! ¡Los recuerdos! La luna no vertía

allí ni un solo rayo… Temblabas y eras mía”.

Bella época en la que una rosa era una rosa, y el poema un vaso santo. Lástima que el perfume de la rosa no alcanzó a perfumar su vida, porque cuando menos se esperaba se pegó un tiro en el corazón “porque le dio la gana”. La bala le atravesó el corazón, y según sus biógrafos y mentores, también le atravesó el corazón a Elvira:

“¡Oh, las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas…!”

Años más tarde me encontré con la poesía que nos hacía falta para derrotar la bruma melancólica de los años anteriores. Si bien la obra poética de Porfirio Barba-Jacob (1883-1942), quien podría considerarse un caso aislado en nuestra lírica, “va a influir de manera decisiva en la evolución de nuestra lírica” (1), pero son los poetas de la alegría los que trazan los derroteros de nuestra poesía actual: Ciro Mendía (1892-1979), Luís Carlos López (1883-1950) y Luís Vidales (1904-1990), risueño como un niño, con un tacto nuevo, tan nuevo que sorprendió a las cosas y a los hombres, lo que le permitió ser el único poeta de vanguardia, realmente, en nuestra historia.

Superaba “Gotas Amargas” de José Asunción Silva, donde había menos poesía y muchas amarguras; superaba los antipoemas de Luís Carlos López, porque Vidales resultaba más afirmativo; le daba una respuesta diferente a la poesía romántica, que sería la de León de Greiff (1895-1976) -nuestro último gran romántico- al capitalismo que nos invadía, e inauguraba el humorismo sano, fértil, inteligente, de buena gana, como la faceta más difícil de la poesía, sosteniéndolo como el instrumento temperamental más eficaz frente a una sociedad que era entregada en aras de su desarrollo al apetito extranjero. También daba comienzo, entre nosotros, a la llamada posteriormente poesía conversacional, y sobre todo a la literatura urbana en su mejor dimensión, cosa que jamás se recuerda. Su ruptura provenía de la calle, del paraguas, del barrio, del teléfono, del cine, de la cámara fotográfica, de los diarios, del reloj, del aeroplano, de todo cuanto iba a ser el siglo XX” (2). Desde la aparición de Suenan Timbres hasta hoy, ningún otro poeta colombiano ha superado esa alegría y humor, perenne y permanente de Vidales, quien haciendo sonar el nítido timbre de su voz, decía en 1926:

“Pero el dulce muchacho de mi niñez

hace mucho tiempo se ha marchado

yo no sé para dónde”.

Al sur, mucho más al sur, en un paraje edénico del universo, a la vuelta del solar natal, muy cerca del amor fraterno y de la tierra generosa, renovado en pasión por el hombre y las cosas elementales, apareció Aurelio Arturo (1909-1974). Desde muy lejos traía entre sus manos la serenidad de los años, el aroma de la tierra fresca. Y traía también Morada al Sur. “Marginal, discreto, la fluida y parca vena de agua de su poesía corre inextinguible: permanece” (3). Así escribía, y también cantaba Aurelio Arturo:

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Bésense en la boca, lésbicas
baudelerianas, árdanse, aliméntense
o no por el tacto rubio de los pelos, largo
a largo el hueso gozoso, vívanse
la una a la otra en la sábana
perversa,
                y
áureas y serpientes ríanse
del vicio en el
encantamiento flexible, total
está lloviendo peste por todas partes de una costa
a otra de la Especie, torrencial
el semen ciego en su granizo mortuorio
del Este lúgubre
al Oeste, a juzgar
por el sonido y la furia del
espectáculo.
                   Así,
equívocas doncellas, húndanse, acéitense
locas de alto a bajo, jueguen
a eso, ábranse al abismo, ciérrense
como dos grandes orquídeas, diástole y sístole
de un mismo espejo.
                                De ustedes
se dirá que amaron la trizadura.
Nadie va a hablar de belleza
.

Gonzalo Rojas©

 

Nacido en 1917 en Lebu, provincia de Arauco, estudió Derecho y Literatura en el Instituto Pedagógico de la Universidad de su país y perteneció al grupo surrealista reunido en torno a la legendaria "Revista Mandrágora". Fue diplomático en China y Cuba durante el gobierno de Salvador Allende. Recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1992 y el Premio Cervantes de Literatura en 2003. En España también fue distinguido con el Premio Reina Sofía y recibió además el Premio Octavio Paz en México y el José Hernández en Argentina.

Su obra editada incluye, entre otros títulos: "Cuaderno secreto", "La miseria del hombre", "Contra la muerte", "Oscuro", "Transtierro", "Del relámpago", "Críptico", "El alumbrado" y "Las adivinas".

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