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Mi vida es muy sencilla:
Trabajo en un café

Cada noche en un café distinto

Cuando llega la oscuridad
y se van encendiendo las lámparas
me siento en el rincón más oscuro
en una mesa pequeña donde nadie pueda verme

(pretensión ociosa:
A nosotros nadie nos ve:
Heredamos el paciente prodigio de pasar totalmente desapercibidos)

¿Qué hago?

Como ya les dije, lo que hago es muy sencillo

                                   Escucho

Y puedo asegurarles que yo sé escuchar

Esto al menos nadie me lo podrá negar

Lo escucho todo, hasta los silencios

               Retengo todas las palabras que se dijeron
La que nunca pudieron decirse

Y aquellas que se dicen de todas las maneras posibles que una palabra se puede decir

Desgraciadamente tengo mala memoria

   y nunca recuerdo lo que quisieron decir

Quizás porque ya he renunciado a entender

                     O simplemente
Porque me lo sé ya todo de memoria
No me las doy de omnipotente ni de ubicuo

                     Mi percepción va más
que el rebote del último sonido
entre los vasos y las porcelanas

Mi trabajo es muy simple

                             Pero hay que saber esperar
Y esto sí confieso que me resulta extenuante

Aunque ya no me importa

                         Simplemente me quedo allí
hasta que la última mesa haya quedado vacía

                                                           el último mantel recogido
y las lámparas apagadas para siempre

Entonces me levanto

                     Y comienzo a barrer todas las palabras
que han caído desparramadas por el suelo

Algunas son fuertes y se resisten

                         otras se desarman en letras sueltas

Y hay veces cuando el azar provoca las combinaciones más insospechadas

Pero ya sé que en el fondo dicen nada
tengo mi conciencia tranquila
cuando al piso lo he dejado limpio como una página en blanco

Pero tampoco crean que soy perfecto

                     En realidad no lo soy

¿Cómo lo podríamos ser
si vivimos sólo del aire y la sangre de nuestros semejantes?
Como irremediablemente nadie me mira
cada noche escojo una de aquellas palabras

                                      La recojo con ternura

Con el cuidado de quien siempre supo
que cada simple combinación de letras y palabras

       alguna vez

                                      -digo: alguna vez-

                  prometieron algo

A cada palabra que recojo
la cubro con la palma de mis manos entreabiertas
para que no se enfríe y deje de vivir

A veces despierto feliz
sintiéndola a mi lado

O despierto llorando porque ya no está allí

Pero otras,
las más

ya se han deshecho con la humedad de mi piel
y dejan como llagas viscosas en mi cuerpo

Heridas que tardarán en cerrarse
por lo menos todavía

Hasta que a la noche siguiente

vuelva a sentarme en la mesa más oscura
de cualquier otro café

    Y haga lo único que sé hacer:

           Escuchar

                             Escuchar en silencio

                                                                 Y esperar.

Enrique Giordano©

Magíster y doctor en Literatura de la Universidad de Pensylvania, es académico de Literatura Hispana en la Universidad de Cincinatti, Ohio por once años fue profesor en el Barney College de la Universidad de Columbia en Nueva York. Fue en este período que escribió El mapa de Amsterdam, libro que tras 25 años, la editorial Cuarto Propio reeditó y presentó recientemente en Chile.

Nació en Concepción y eso lo llevó a ingresar a la Universidad de Concepción a estudiar literatura. Aunque la pedagogía no era lo que le atraía, con el correr de los años se ha dedicado y ganado la vida con ella, aunque la academia es absorbente y quita mucho tiempo para escribir. Cuando estudió, el departamento de Español vivía un momento espléndido con profesores como Gonzalo Rojas, Jaime Concha, Juan Zapata y otros.

Publicaciones: Poesía y Poética de Gonzalo Rojas, 1987.  Manuel Puig: montaje y alteridad del sujeto (coautor), 1986.  El mapa de Ámsterdam, poemas originales, 1984.  La teatralización de la obra dramática: De Florencio Sánchez a Roberto Arlt, 1982. Artículos sobre Borges, Cortázar, García Márquez, Griseda Gámbaro, semiótica del teatro.

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podríamos
felices
tú,
amigo infeliz,
y yo

que puedo amarte
quizás

toda la vida

podríamos
felices
muchacha vitalicia

tú y yo

que dentro de mi
opacidad
alegre

te amaría tal vez
toda

pero como
guayaba y observo
que

probablemente nadie,

ninguno de los dos,

soportaría mi comer guayaba

muerdo guayaba
en mi mano derecha
y descorro semilla
a izquierda

lengua
o con labio inferior

semillitas saliva y restos
minúsculos restos
semidiluidos
de guayaba

veo mi mano llena de esta clase de semillas

y creo que no podría
plena felicidad
felicidad con nadie
si no puedo comer
mi guayaba

sin provocar repugnancia

(sin mi tranquilidad y las dos manos ocupadas)

–téngase en cuenta que
cuando hablo de una guayaba,
me refiero
a una guayaba–

Lizabel Mónica©

Nació en 1981, La Habana. Poeta, narradora y ensayista. Licenciada en Historia por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de posgrado en Gestión de Proyectos Culturales impartido por la escuela de Dinamarca Kaospilot en coordinación con la Asociación Hermanos Saíz, en Cuba, 2008. En estos momentos cursa el posgrado "Texturas Caribeñas" para el que prepara una investigación sobre el Caribe y la identidad latinoamericana. Artículos, ensayos, cuentos y poemas de su autoría han sido publicados en diferentes revistas nacionales y extranjeras, así como en diversas antologías. Ha sido premiada en numerosos concursos y tiene publicado "Los mismos ojos" (Plaquet. Género Cuento. Ediciones Hipocampo, 2003). La antología "Octavio Armand: Antología Poética", compilada por Lizabel Mónica y Juan Carlos Flores, con prólogo y notas de la autora, será publicada próximamente por la editorial Torre de Letras (La Habana, Cuba.) Es coordinadora del proyecto internacional multifacético DESLIZ y la revista multimedia homónima desde el año 2007. En sus obras cultiva una tendencia hacia el arte total, trabajando la escritura en combinación con otras manifestaciones artísticas como el performances, la plástica y la música. Lizabel es además asesora de la revista digital de literatura 33 y 1/3 y representante por Cuba de la revista virtual Litterae, de la Universidad de Concepción, Chile.

Tu risa vuela
desde tu cuerpo de mujer
soñando con el mar
donde soy seguramente
un par de alas torpes
que rondan la cima
de la última ola.

Y creo que tu risa llega tarde
como el grito de tu sombra más joven
rodeada de gaviotas.

Ahora vivo
en la proximidad esbelta y fuerte
de tus rodillas plegadas como islas
en la alfarería pesada y frágil
de nuestros cuerpos desnudos.

Tu espalda es la línea del horizonte
la luz más extensa
la noche submarina
donde me pierdo y viajo
antes que el aire envejezca
andando y dando tumbos
con los ojos abiertos bajo el agua.

Luis Mizón©

Nació en Valparaíso en 1942. Vive en Francia desde 1974. Ha publicado una veintena de obras: poesía, novela , ensayo histórico. Caballero de las Artes y las Letras, premio Jean Malrieu al mejor libro de poesía extranjera; miembro de la Academia Mundial de la Poesía, figura en numerosas antologías y libros de estudio. Sobre Historia e Identidad ha publicado en la editorial Universitaria de Chile la obra “Claudio Gay y la formación de la identidad cultural chilena” (Diciembre 2001). En la actualidad prepara la edición de manuscritos inéditos de Claudio Gay. El poema 19 pertenece a su libro Pongamos las palabras encima de la mesa, publicado en Valparaíso en 1971.

Quisiera regalarte un pedazo de mi falda,
hoy florecida como la primavera.

Un relámpago de color que detuviera tus ojos en mi talle
– brazo de mar de olas inasibles –

la ebriedad de mis pies frutales
con sus pasos sin tiempo.

La raíz de mi tobillo con su
eterno verdor,

el testimonio de una mirada que te dejara en el espejo
como arquetipo de lo eterno.

La voluble belleza de mi rostro, tan cerca de morir a cada instante
a fuerza de vivir apresurada.

La sombra de mi errante cuerpo
detenida en la propia esquina de tu casa.

El abejeante sueño de mis pupilas
cuando resbalan hasta tu frente.

La hermosura de mi cara
en una doncellez de celajes.

La ribera de mi aniñada voz con tu sombra de increíble tamaño,
y el ileso lenguaje que no maltrata la palabra.

Mi alborozo de niña que vive el desabrigo
para que tú la cubras con la armadura de tu pecho.

O con la mano aérea del que va de viaje
porque su sangre submarina jamás se detiene.

La fiebre de mis noches con duendes y fantasmas
y la virginal lluvia del río más oculto.

Que a nivel del aire, de la tierra y el fuego,
el vientre como abanico despliega.

La espalda donde bordas tus manos
hinchadas de oleaje, de nubes y de dicha.

La pasión con que desgarras
en el lecho del mismo torrente inabarcable

como si el mismo corazón se te hiciera líquido
y escapara de tu boca como un mar sediento.

El manojo de mis pies
despiertos andando sobre el césped.

Como si trémulos esperaran la inexpresada cita
donde sólo por el silencio quedaron las cadenas rotas.

Y en tus dedos apresado el apremio de la vida
que en libertad dejó tu sangre,

aunque con su cascada, con su racha,
los árboles del deshielo, algo de ti mismo destrozaran.

La cabellera que brota del aire
en líquidas miniaturas irrompibles

para que tus manos indemnes hagan nido
como en el sexo mismo de una rosa estremecida.

La entraña donde te sumerges como buscando estrellas enterradas
o el sabor a polvo que hará fértiles nuestros huesos.

La boca que te muerde
como si paladeara ríos de aromas;

o hincándote los dientes
matizara la vida con la muerte.

El tálamo en que mides mi cintura
en suave supervivencia intransitiva,

en viaje por la espuma difundido
o por la sangre encendida humanizado

el mundo en que vivo
estremecida de gestaciones inagotables.

El minuto que me unge de auroras
o de iridiscencias indescriptibles.

Como si a ritmo de tu efluvio soberano
salvaras el instante de miel inadvertida;

O dejaras en el mágico horizonte de luces apagadas
el tiempo desmedido y remedido.

En que apresados quedaran los sentidos
y al fin ya sin idioma, desnudos totalmente.

Como si ensayando el vuelo se quemaran las alas
o por tener cicatrices se extenuaran los brazos.

La piel que me viste, me contiene y resuma,
la que ata y desata mis ramajes.

La que te abre la blanca residencia de mi cuerpo
y te entrega su más íntimo secreto.

Mi vena, llaga viva, casi quemadura,
huella del fuego que me devora.

El nombre con que te llamo
para que seas el bienvenido.

El rostro que nace con la aurora
y se custodia de ángeles en la noche.

El pecho con que suspiro, el latido,
el tic-tac entrañable que ilumina tu llegada.

La sábana que te envuelve en tus horas de vigilia
y te deja cautivo en él, duerme, sueño del amor.

Árbol de mi esqueleto
hasta con sus mínimas bisagras.

El recinto sombrío
de mis fémures extendidos.

La morada de mi cráneo, desgarrado lamento,
pequeña molécula de carne jamás humillada.

El orgullo sostenido de mis huesos
al que hasta con las uñas me aferro.

Mi canto perenne y obstinado
que en morada de lucha y esperanza defiendo.

La intemporal casa
que mi polvo amoroso te va ofreciendo.

El nivel del quebranto
o la herida que conmigo pudo haber terminado.

El llanto que me ha lavado
y que este pequeño cuerpo ha trascendido.

Mi sombra tendida
a merced de tu recuerdo.

La aguja imantada
con su impensable polen y sus rojas brasas.

Mi gris existencia
con su primera mortaja

Mi muerte
con su pequeña eternidad.

Clementina Suárez©

 

Juticalpa, Olancho, 1902-1991. Vino al mundo un 12 de mayo. Sus padres fueron: Don Luis Suárez, profesional del derecho, y Amelia Zelaya Bustillo, una bella mujer proveniente de una de las familias más ricas de Olancho. Clementina Suárez realizó sus estudios primarios en su lugar de origen y luego, en 1918, se trasladó a Tegucigalpa, donde estudió en una escuela privada para señoritas. Desde niña manifestó su clara vocación de poeta. En 1930 publicó Corazón Sangrante, el primer libro de poemas de una mujer hondureña. Viajó a México, donde, en contacto con un medio más evolucionado, publicó Templos de Fuego, Iniciales y De mis sábados el último (1931). En Costa Rica publica Engranajes (1935). Después de residir en Nueva York se traslada a La Habana, donde sale a la luz Veleros (1937) ya en una forma totalmente nueva. En San Salvador, el Ministerio de Cultura le edita su libro Creciendo con la hierba. Pero la línea de su actividad no se limita a la poesía; publica en Honduras la revista Mujer y funda en México una galería de arte centroamericano. En San Salvador funda El Rancho del Artista, donde, además de tener una exposición permanente, se escucha la voz de Miguel Ángel Asturias, Salarrué, Pablo Antonio Cuadloira, Eunice Odio y otros valores de América. En Tegucigalpa funda la primera galería de arte, a la que llama Morazánida. No pertenece a ningún grupo, porque ella crea los grupos. Colaboró con diarios y revistas escribiendo artículos, entrevistas y semblanzas. Fue una madre soltera. Tuvo dos hijas: Alba y Silvia. Posteriormente contrajo matrimonio con el poeta Guillermo Bustillo Reina, hondureño, y más tarde con el pintor José María Vides, salvadoreño. Se divorció de ambos porque consideró que le interrumpían en su carrera y en su forma de pensar y vivir. Recibió el Premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa” en 1970.

La poesía es pólvora mojada en medio de un lenguaje contaminado, que se desmantela antes de tocar tierra. Los sentidos cargados en el poema y su lenguaje, son cáscara, ceniza, polvo, y sólo el gusano prospera. La poesía es el cadáver exquisito proclamado por los surrealistas, pero yace a la intemperie, no como reina subyugada por la palabra, inefable dama, sino chasqueada por los dedos de un mesonero, empujada detrás del atril con vergüenza y miedo. No anida, no vuela, no sueña, no nada, y no dejan que el poema se sueñe así mismo en su pobre perfomance de tía solterona, quinceañera desdentada, gitana sin amuleto.

¿La poesía escribe su epitafio? No hay tal suicidio, ni corroboración y menos consentimiento. La poesía es casi un acto de fe, ni siquiera una vocación tardía o el soplo azucarado de un domingo bajo los frondosos robles o los ingenuos, melancólicos sauces llorones. De cualquier manera, la poesía subyace y yace bajo palabra, convicta de su olvido. Y bajo la lápida del mercado, aún respira. Ha superado la horca, la guillotina, la bala en la sien, la anestesia del tiempo, cloroformos burocráticos estatales, el infinito menosprecio privado y esta actual indolencia editorial, enfermedad terminal del mercado.

El mundo está en crisis, no la poesía. La culpa no la tiene la huella, sino quien la ignora o confunde, deja de percibir un camino. Forma sobre la forma, el poema es la nueva retórica, botón de una sola rosa, la que reinventa cada lectura. ¿La poesía muere en su cuna o tiene tradición en el futuro? Es un espejo al revés.

Rolando Gabrielli©

Nació en Santiago de Chile el 22 de febrero de 1947.Estudió Periodismo en la Universidad de Chile.  Ejerció hasta el 11 de septiembre de 1973 en su país. Fue Corresponsal Extranjero en Colombia y Panamá (1975-79).
Funcionario Internacional, experto en la industria bananera, encargado de estrategias para los ocho países de la región miembros de la UPEB, Editor de la publicación científico-técnica y económica, con circulación en 56 países, columnista de la revista alemana D+C (1979-89).  Escribe para varios periódicos panameños como Analista Internacional y trabaja en el programa de la Unión Europea-PNUD, Tips On Line, mercadeo de oportunidades empresariales vía Internet.  Asesor en estrategias empresariales, editor de Suplementos especializados, ha trabajado y lo hace actualmente en marketing.
Obtiene el Primer Premio de Poesía de la Federación de la Universidad de Chile en 1971, entre 200 libros y una mención Honrosa con su cuento Solángel, ese año, en ICEA Internacional, México.  Es becado en dos oportunidades por la Universidad Católica de Chile (Vicerrectoría de Comunicaciones, 1973, en Poesía y 1974, Prosa) Mención de Honor en Cuento infantil Caja de Ahorros Panamá, 1978. Mención de Honor en poesía con su libro Manifiesto Aldeano, Panamá años 2000.  Diploma de Honor Embajada de Chile, por su labor pro acercamiento cultural Panamá-Chile.  Ha dictado conferencias magistrales sobre en la Academia Panameña de la Lengua y Embajada de Chile, sobre Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Jorge Luis Borges y Jorge Teillier.  Es poeta, ensayista y narrador, tiene cinco libros de poesía para editar, un libro de cuentos, ensayos y dos novelas en proceso.  Reside en Panamá. Sus trabajos más recientes se encuentran en Internet en portales de Estados Unidos, Canadá, España, Chile, Argentina, Brasil, Suecia, Colombia, Venezuela.

A mi padre, a los que permanecen.
A Sol, a los que están conmigo.

1.
Amanece.
Se abre el poema.
Las aves abren las alas.
Las aves abren el pico.
Cantan los gallos.
Se abren las flores.
Se abren los ojos.
Los oidos se abren.
La ciudad despierta.
La ciudad se levanta.
Se abren llaves.
El agua corre.
Se abren navajas tijeras.
Corren pestillos cortinas.
Se abren puertas cartas.
Se abren diarios.
La herida se abre.
Sobre las aguas se levanta niebla.
Elevados edificios se levantan.
Las grúas levantan cosas de peso.
El cabrestante levanta el ancla.
Corren automóviles por las calles.
Los autobuses abarrotados corren.
Los autobuses se detienen.
Abren las tiendas de abarrotes.
Abren los grandes almacenes.
Corren los trenes.
Corre la pluma.
Corre rápida la escritura.
Los bancos abren sus cajas de caudales.
Los clientes sacan depositan dinero.
El cieno forma depósitos.
El cieno se deposita en aguas estancadas.
Varios puentes cruzan el río.
Los trenes cruzan el puente.
El tren corre por los rieles.
El puente es de hierro.
Corre el tiempo.
Corre el viento.
Traquetean los trenes.
De las chimeneas sale humo.
Corren las aguas del río.
Corre agua sucia por las cloacas.
Las cloacas desembocan en el río.
Las gallinas cloquean.
Cloc cloc hacen las gallinas.
De la cloaca sale un huevo.
El río es hondo.
El río es ancho.
Los ríos tienen afluentes.
Los afluentes tienen cascadas.
Los afluentes desembocan en el río.
Las avenidas son anchas.
La calle desemboca en la avenida.
El río desemboca en el mar.
El mar es amplio.

2.
Circulan los automóviles.
Circulan rumores de guerra
El dinero circula.
La sangre circula.
Los peatones van a sus ocupaciones.
Los peatones cruzan en las esquinas.
Los peatones circulan por las veredas.
Los hombres llevan pantalones.
Los agentes llevan impermeables.
Apuestan agentes en las esquinas.
Circulan hombres astrosos.
Los cesantes circulan.
Las nubes ocultan el azul del cielo.
Las nubes ocultan la luz del sol.
Las nubes circulan a gran altura.
La nieve es blanca.
El cóndor vuela a gran altura.
Hay nieve en las alturas.

3.
Andan los relojes.
Andan los planetas.
¿Cómo andamos?
Ando a tropezones.
Ando enfermo.
Ando con hambre.
Ando sin plata.
Ando andrajoso.
Ando sucio.
Ando solo.
Ando con miedo.
Ando huyendo.
¡Andate! me dijeron.
Andan tras de mí.
Ando por los andenes.
¡Andando!
Adiós.
Los Andes están nevados.

4.
Se abren las esclusas.
Las esclusas dejan pasar el agua.
Las ambulancias ululan.
Los autos dejan pasar una ambulancia.
Las ambulancias son blancas.
Las almohadas son blandas.
La harina es blanca.
La cabeza descansa sobre la almohada.
Los poros dejan pasar el sudor.
El enfermo descansa algunas horas por día.
Corren días hábiles.
Hubo fútbol.
Hubo tenis.
Hoy no hay trabajo.
No hay vacantes.
Corren los escolares.
Las tarjetas perforadas corren.
El agua corre por cañerías de plomo.

5
Se cierran las llaves.
Los resistentes corren riesgos.
Los ciclistas corren se persiguen.
Los barcos persiguen cardúmenes.
Corro peligro me persiguen.
Las persecuciones consiguen hacer prosélitos.
Se abren cuentas.
Se abre el apetito.
El bosque es umbrío.
En el bosque se abren senderos.
El búho ulula.
Los conejos abren madrigueras.
Los sepultureros abren fosas.
Los presos abren un agujero.

6.
Uno aprieta a correr. Lo siguen.
Los peatones abren paso.
Doblan corriendo una esquina.
El soplón con disimulo se escabulle.
Disimular la ira.
Disimular el disgusto.
Disimular la pobreza.
Disimular el hambre.
Morderse la lengua.
Obrar con mucho disimulo.

7.
Otoña en la ciudad.
Las hojas enrojecen.
Las hojas amarillean.
Caducan las hojas.
Las hojas caen.
La hojarasca es inútil.
No cae la Junta.
El tirano no cae.
Sopla el viento.
Las hojas vuelan.
El viento barre las hojas.
Remolinean las hojas secas.
En el río hay remolinos.
Hojas rojas flotan en el río.
Revolotean hojas de diarios.
Revolean las aves.
El río sigue su curso.
El otoño sigue al verano.
Siguen mis pasos.
Se acortan los días.
Se alargan las noches.
Abril sigue a marzo.
Alargan el toque de queda.
Alargan el estado de sitio.
Abril cuenta con treinta días.
Abril es el cuarto mes del año.
Pasan los días.
Cae otra hoja del calendario.

8.
Cae el sol.
Cae el agua del caño en la pila de piedra.
El agua cae en la cascada.
Es cascada la voz del anciano.
Se recogen los soldados.
Los soldados alojan en cuarteles.
En hoteles alojan los viajeros.
La población se recoge temprano.
Faltan horas para el toque de queda.
Vuelan mariposas crepusculares.
Las aves se retiran a sus nidos.
El mar cubre la orilla y se retira.
El día declina.
Se enciende el alumbrado.
La ciudad se ilumina.
Las mariposas rondan la luz.
Con la edad las fuerzas declinan.
Años de pocas luces
Estos mis últimos años.
Vivimos en la oscuridad.
El anciano enciende la luz.
Clic hacen los interruptores.
Las habitaciones se iluminan.
Se encienden los televisores.
Habla por cadena el tirano.
Oscurece temprano en invierno.
Los rótulos de neón se prenden y apagan.
Cierran las tiendas.
Las calles van quedando vacías.
Aparecen las primeras estrellas.
Los peatones caminan con premura.
Los peatones precipitan el paso.
Aparecen las primeras patrullas.
Comienza el toque de queda.
Aparece la luna.

9.
El día tiene veinticuatro horas.
La ampolleta está encendida las 24 horas.
La ampolleta cuelga del centro del cuarto.
El aire del cuarto es pesado.
Puertas y ventanas permanecen cerradas.
Los prisioneros tienen la cabeza inclinada.
Los prisioneros están sentados en sillas.
Los prisioneros están con la vista vendada.
Pestañas y cejas se pegan a la venda.
Bajo la venda se mueven los párpados.
Las manos se hinchan.
Las manos están atadas con cordeles.
Sacan encapuchado a un prisionero del cuarto.
Los prisioneros se quejan susurran se mueven.
Los prisioneros deben permanecer inmóviles.
Los prisioneros deben permanecer en silencio.
Cualquiera infracción es duramente castigada.
Los prisioneros reciben alimento una vez al día.
El caldo es magro y se sirve frío.
Los prisioneros beben agua en forma racionada.
No se permite el aseo personal a los prisioneros.
Los prisioneros van una vez al día al retrete.
Pasada la medianoche permiten tenderse en el suelo.
El compañero que fue al interrogatorio no ha vuelto.
Los prisioneros duermen sólo con sus ropas.
En la noche son audibles los gritos de los compañeros.
Los prisioneros son despertados en la madrugada.

10.
En las vitrinas hay maniquíes.
Los maniquíes son de yeso.
Los maniquíes están inmóviles.
Los maniquíes son elegantes.
Los maniquíes visten ropa cara.
Ropa nueva de primera mano.
Los maniquíes no tienen frío.
Los maniquíes no tienen hambre.
Los maniquíes lucen saludables.
Son felices.
Están siempre sonriendo.

11.
La tierra se mueve.
Se mueven los dientes que se van a caer.
Cambian dientes los niños.
Caen los dientes de leche.
La leche cae en el balde.
La vaca da leche.
El toro carga.
Se carga el cielo de nubes.
Cae una garúa.
Los soldados cargan armas.
Los mozos cargan bandejas.
Estoy cargado de hijos.
La carga agobia.
Soportamos el peso de la dictadura.
Cambian unas papas por un puñado de fideos.
Cambian un pan por una pizca de aceite.
Cambios en el gabinete.
Cambian el agua al florero.
Salen militares. Entran civiles.
Las culebras cambian de piel.
Luz roja.
Los semáforos cambian.
El camaleón cambia de color.
Los vehículos se detienen.
Cambian sábanas al enfermo.
El colchón está relleno de lana.
Las sábanas cubren el colchón.
El pastor guarda las ovejas.
Las ovejas dan lana.
La beldad guarda la línea.
El enfermo guarda cama.
Un ratón cae en la ratonera.
Cae el dátil al pie de la palmera.

12.
Cambia el viento.
El viento anuncia lluvia.
El cambiador empuja las agujas.
La locomotora cambia de vía.
El ténder sigue a la locomotora.
La locomotora arrastra vagones.
El viento arrastra hojas.
Cambia el tiempo.
Las hojas se cubren de escarcha.
El cielo se cubre de nubarrones.
Los nubarrones amenazan lluvia.
Las hojas se despiden del árbol.
Mañana nos vamos de la ciudad.
Los fueron a despedir al aeropuerto.
El viento se lleva las hojas.
Fue un adiós conmovedor.
Las bocas despiden vaho.
La rosa despide olor fragante.
La rosa es la reina de las flores.
La beldad es reina de belleza.
El cieno despide olor fétido.
Reina la miseria.
Reina la cesantía.
Reina el miedo en la ciudad.
No tienen hojas los árboles.
Los hongos no tienen hojas.
Pedí un anticipo.
Pedí peras al olmo.
Se anticipan las lluvias.
El jugador pide cartas.
El novio pide la mano.
Nos llueve sobre mojado.
El tirano pide sacrificios.
El invierno ha llegado.

13.
Llueve.
La lluvia mancha las calles.
El asfalto mojado es lustroso.
Los peatones se cubren.
El sombrero cubre la cabeza.
El paraguas resguarda de la lluvia.
Los zapatos entran en las galochas.
Las galochas son de goma.
La pelota es de goma.
La pelota rebota en el suelo.
La lluvia rebota en el suelo.
Llueve a cántaros.
Los cántaros son de barro.
La lluvia forma charcos.
En los charcos se forma barro.
La lluvia forma burbujas al caer en los charcos.
Los autos salpican.
El agua rebota en el techo.
Los techos se llueven.
Las goteras caen en tarros.
Las aguas corren por los tejados.
Los canalones recogen las aguas.
Los techos chorrean.
La lluvia golpea las ventanas.
Las gotas resbalan por los vidrios.
La lluvia moja.
La lluvia humedece las paredes.
La tierra se empapa.
Llueve en la ciudad.
Llueve en el poema.
El anciano escribe.
Las gotas de lluvia no son centavos.
Ojalá fueran centavos las gotas de lluvia.

14.
Las paredes se levantan a plomo.
Las paredes son altas.
Las paredes cierran.
Las paredes separan.
Amordazan con pintura las paredes.
La lluvia las despinta.
Reaparecen fragmentos de murales.
Siglas de partidos proscritos.
Consignas antiguas.
Y la última RESISTENCIA recién borrada.

15.
Los ascensores suben.
Bajan las ventas.
El ascensorista es servicial.
Los ascensores bajan.
Los soplones son ubicuos.
El ascensorista es un soplón.
Sube la fiebre al enfermo.
Suben los precios.
El precio del cobre baja.
La marea sube.
Suben las aguas del río.
Las olas suben río arriba.
La corriente choca con la marea.
Los mineros bajan a la mina.
El predicador sube al púlpito.
El difunto baja a la tumba.
Sube el telón.
El actor sube a las tablas.
El actor representa un papel.
El papel es blanco.
Interrumpen la función.
Evacúan la sala.
Detienen a varios actores.
La policía tiene carta blanca.
Dan de baja a varios generales.
Los pasajeros suben a cubierta.
Dan de baja a miles de obreros.
Los buses se detienen.
De los buses bajan pasajeros.
Suben pasajeros al bus.
Pagan toman asiento.
El funicular sube.
El funicular baja.
El tren de aterrizaje baja.
El avión toma tierra.
De los aviones bajan pasajeros.
Los aviones aterrizan despegan.
Bajo los aviones pace el ganado.
El tren se detiene.
Los viajeros bajan del tren.
Los maleteros llevan equipajes.
El carnet lleva una fotografía.
Piden papeles de identidad.
Detienen a los indocumentados.
El corazón de un peatón se detiene.
El peatón sufre un síncope.
¡Paf! cae en la calle fulminado.
Los empresarios toman medidas.
La costurera toma medidas.
La costurera toma la aguja.
El anciano retoma la pluma.
La tinta afluye a la pluma.
La sangre afluye al corazón.
La pluma raspa el papel.
Las suelas raspan el suelo.
La pluma rasguea.
El ciego rasguea las cuerdas.
La beldad tiene ojos rasgados.
El rímel embellece los ojos.
La beldad se pinta los ojos.
La beldad lleva un conjunto de falda y blusa.
Los vehículos llevan patentes.
Toman la patente a un vehículo.
El enfermo lleva meses en cama.
Al enfermo le toman el pulso.
El pulso es intermitente.
Toman once.
Toman mate.
Los borrachos toman vino.
Los gasómetros bajan.
Los gasómetros suben.
Al enfermo le baja la fiebre.
La bandera sube por el asta.
La marea baja.
La bandera ondea.
Las ondas marean.
Los cabellos ondean al viento.
La beldad se ondula el cabello.
La culebra ondula.
Las ondas suben bajan.
El río es undoso.
Baja la temperatura.
Baja la barrera de la vía férrea.

16.
La tierra es redonda.
La mesa es redonda.
La mesa es de madera.
Ponen la mesa.
El mantel cubre la mesa.
La mesa está puesta.
Los cubiertos están sobre el mantel.
El cubierto se compone de
Cuchillo.
El cuchillo tiene mango y hoja.
El cuchillo corta.
Cuchara.
La cuchara es cóncava.
Con la cuchara se come la sopa.
Tenedor .
El tenedor tiene dientes.
El tenedor pincha.
Vaso.
El vaso contiene agua.
El vaso es de vidrio.
Pan.
El pan está en la panera.
El pan tiene corteza y miga.
La miga es blanda.
La panera es de mimbre.
Servilleta.
La servilleta limpia los labios.
La servilleta es blanca.
La mesa tiene cuatro patas.
Las patas son torneadas.
Las sillas tienen cuatro patas.
Las sillas rodean la mesa.
Las sillas no tienen brazos.
Los niños acercan las sillas.
La familia se sienta a la mesa.
Sobre la mesa hay platos soperos.
Las manos empuñan las cucharas.
Reparten la sopa con el cucharón.
El pan se rompe con los dedos.
La corteza tostada cruje.
Saltan migajas.
Las migajas cubren el mantel.
Los dientes se clavan en el pan.
El hombre tiene treintaidos dientes.
Ocho incisivos.
Cuatro colmillos.
Veinte muelas.
Los dientes trituran los alimentos.
El aliment0 cae en el estómago.
Los estómagos no están llenos.
La familia come en silencio.
La familia está incompleta.
Afuera llueve.

17.
Sale el sol.
Salen los habitantes de sus casas.
Hace frío.
La plaza es ancha y sin casas.
Los hombres se alzan los cuellos.
Los pájaros alzan el vuelo.
Las mujeres se rebozan.
La calle sale a la plaza.
No sale trabajo.
Los cesantes salen en ayunas.
No hay plazas.
Sobran los brazos.
Los escolares entran a clases.
Sale a llamar por teléfono.
Entra a una cabina telefónica.
Los teléfonos están intervenidos.
¡Ring! suena el teléfono.
Los colegios están intervenidos.
Alzan los alimentos.
Alzan la movilización.
Agentes de civil salen al paso.
Los detenidos alzan las manos.
Los friolentos patean.
Los friolentos soplan sus manos.
La bufanda cubre el cuello.
Los guantes cubren las manos.
Los escolares salen a recreo.
El centinela sale de la garita.
Los niños patinan sobre la escarcha.
Las ruedas patinan.
El cortejo entra al cementerio.
Un barco sale del puerto.
De la nariz sale humo.
Los fumadores tiran colillas.
Las recogen los mendigos.
Recogen perros vagos.
Recogen la basura.
Recogen las cartas del buzón.
La beldad se recoge el pelo.
La beldad sale al balcón.
La beldad sale de compras.
La beldad se abriga.
Abrigan al enfermo.
El enfermo entra al quirófano.
El cirujano opera.
El cirujano corta con el bisturí.
El frío corta las manos.
El frío corta el cutis.
Con el frío salen sabañones.
El enfermo sale del quirófano.
Los sabañones arden pican.
El fuego defiende del frío.
El abogado defiende al procesado.
El oficial abofetea al abogado.
El fuelle sopla el fuego.
Se ríen en su cara.
Hacen añicos su alegato.
Rejas defienden las ventanas.
El cliente y el abogado desaparecen.
La escollera defiende del oleaje.
La lluvia se hiela.
Cae granizo.
Echan a miles a la calle.
Echan carbón al brasero.
Echan leña a la chimenea.
La leña no prende.
Echan parafina a la estufa.
La leña está húmeda.
Prenden la colecta con alfileres.
Prenden a extremistas.
La beldad prenda.
El agua caliente circula
Los radiadores difunden calor.
El frío paspa los labios.
El frio enronquece.
Los dientes castañetean.
El frío agrieta la piel.
En la calle hace un frío extremo.
La miseria es extrema.
El frío amorata.
Las pasamos moradas.
El frío quema las plantas.
Nos plantaron en la calle.
El frío contrae los cuerpos.
El frío contrae los músculos.
El frío congela los charcos.
La carne se conserva congelada.
La carne cuelga del gancho.
Cuelgan los animales muertos.
Tras la muerte los músculos se contraen.
El frío retrasa la putrefacción.

18.
Se distrae mirando por la ventana.
La ventana cae a la calle.
La calle está desierta.
El agua cae a raudales.
Aquella casa es más grande que ésta.
Esta casa es más pequeña que aquélla.
Frente a la ventana está la iglesia.
En la iglesia hay una boda.
Es imprudente tocar campanas durante una tormenta.
La lluvia le caló todo el vestido.
El novio se caló hasta los huesos.
Fue un enlace feliz.

19.
Llueve a mares.
El agua hervida se agita.
El agua hierve a 100º.
El mar hierve.
El mar se agita.
Los torturados braman.
Brama el mar.
Brama el viento entre los árboles.
El mar se enfurece.
El mar azota las rocas.
Azotan a los detenidos.
Violentos vientos azotan la costa.
Se levantan olas majestuosas.
Las olas se encrespan con el viento.
En el mar se levanta una tromba.
La tromba gira.
Un rayo fulgura en el cielo.
Un hombre fue fulminado.
Los rayos culebrean.
Truena.
El trueno retumba.
El trueno acompaña al relámpago.
La leche se corta en tiempo de tormenta.
Se cortaron cables telefónicos.
Los huevos enhueran durante la tormenta.
Arrecia el viento.
El viento arrolla tarros de basura.
El rio está caudaloso.
Un automóvil arrolló a un peatón.
El hilo se arrolla en el carrete.
Los árboles abrigan del viento.
El viento retarda la marcha.
El regreso a la normalidad tarda.
Tarda el bus.
Los trenes se retrasan.
Se desmorona ladera sobre la vía férrea.
Suspenden vuelos.
Los aviones se quedan en tierra.
El león ruge.
Ruge la tempestad.
Cae un rayo sobre el pararrayos.
El rayo raja la madera.
Cae un alud de piedras y lodo.
El transporte se atasca en los caminos.
El vendaval destecha.
El vendaval se lleva fonolitas.
Las fonolas y las planchas vuelan.
El viento y el agua hacen estragos.
La lluvia se cuela entre las tablas.
El viento se cuela.
La lluvia inunda las mediaguas.
Pozas se forman en las habitaciones.
Flotan las camas.
Se movilizan bomberos y policías.
Cuadrillas de cesantes palean.
El frío recrudece.
Recrudece la represión.
Llega embajador extraordinario.
Extreman la vigilancia.
Al enfermo le administran la extremaunción.
Crece impetuoso el río.
El río se sale de madre.
El río desborda por los campos.
Cubre de agua las regiones vecinas.
Se anegaron las huertas.
Se desbordó un tranque.
Los extramuros están inundados.

20.
Cae una lluvia torrencial.
La lluvia hincha los torrentes.
Los torrentes causan inundaciones.
Hoy función
A beneficio de los inundados.
Las lluvias son indispensables para la agricultura.
Las lluvias fecundan la tierra.
El trigo germina por primavera.
Las espigas de trigo contienen granos.
El arado se enredó en las raíces.
Los bueyes se acoplan al arado.
El campesino picanea los bueyes.
Escasea el trigo este año.
El paso de la tropa estropeó las siembras.
Los ratones hacen estragos en los graneros.
Las malezas esquilman los campos.
Escasea el dinero.
Tengo un puñado escaso de harina.
Encarece el pan.
Vivimos con escasez.
Está escasa la comida.
El trabajo escasea.
Los cesantes abundan.
El aceite escasea.
Abunda el agua.
El aceite es más espeso que el agua.
El aceite se hiela cuando hace frío.
El aceite penetra las telas.
La espada penetra las carnes.
La espada termina en punta.

21.
Rompe el día.
Las olas rompen formando espuma.
Suceden despidos masivos.
Las olas se suceden.
Rompen las olas del mar.
El barco rompe las olas.
Las olas rompen en los escollos.
Hay escollos en medio del mar.
Fluctúan las opiniones.
Fluctúan los barcos.
Importan fardos de ropa usada.
En el muelle atracan los barcos.
El muelle entra en el mar.
La bahía entra en la costa.
En la bahía fondean barcos.
En la costa hay dunas.
Las dunas de arena avanzan.
Los bosques de pinos detienen las dunas.
El cabo avanza dentro del mar.

22.
Se detiene la lluvia.
Detienen ciudadanos.
Los vehículos están detenidos.
Luz verde.
Las detenciones siguen.
El pino es un árbol siempre verde.
Un pájaro entra en el pino.
Las compuertas detienen el agua.
De los pinos fluye trementina.
La marea refluye.

23.
Los maderos bajan flotando por el río.
La madera se apila en el aserradero.
El serrucho presenta dientes.
El serrucho ya no corta madera.
El cepillo tiene cuchilla.
El cepillo ya no cepilla madera.
El martillo ya no golpea el clavo.
El carpintero vendió el serrucho.
                       Vendió el cepillo.
                       Vendió el martillo.
El carpintero no tiene trabajo.
Ya no se construye.
La madera se apila en el aserradero.
La carcoma roe la madera.

24.
La llave entra en la cerradura.
Los dedos entran en la manopla.
La llave gira.
El fotógrafo entra en la cámara oscura.
El domador entra en la jaula.
Los novios entran en la cámara nupcial.
¡Chas! hace el látigo.
El detenido entra en la cámara de tortura.
Saltan las fieras.
El clavo entra en la pared.
En todos los circos hay payasos.
Como el tirano no hay ninguno.
Destapan las ollas.
El enfermo se destapa.
El corcho tapa la botella.
La botella contiene vino.
El vino sale de la botella.
¡Glo glo! hace el vino.
Los borrachos entran al bar.
Un avión entra en barrena.
El vino está picado.
Un barco entra en carena.
Está picado el mar.
Los soldados se forman.
Los escolares están formados.
Un oficial los arenga.
Los escolares saludan la enseña.
La enseña sube por el asta.
Entonan la canción nacional.

25.
Apareció.
Había desaparecido.
Meses después apareció.
La encontraron.
La encontraron con un alambre al cuello.
La encontraron en una playa con un alambre al cuello.
La encontraron en una playa.
Con la columna rota y con un alambre al cuello.

Gonzalo Millán©

Santiago de Chile. 1 de enero de 1947-†id.14 de octubre de 2006). Poeta, académico, artista plástico y traductor. Es considerado por la crítica como una de las figuras más connotadas de la denominada "Generación del sesenta" en Chile, cuyo representante más joven fue justamente él. Estudió literatura en la Universidad de Concepción y fue parte del grupo Arúspice, una de las agrupaciones literarias más relevantes de la poesía chilena en la segunda mitad del siglo XX. Después del regreso a su país, a finales de la década del ochenta, luego de casi dos décadas de exilio, desempeñó una extensa labor docente, después de residir en Canadá y Holanda. Realizó además poesía visual y tuvo un destacado quehacer en las artes plásticas, llevando a cabo exposiciones individuales en Chile, Canadá, Estados Unidos, Suecia y Holanda. Durante su permanencia en Canadá fundó la editorial Cordillera y dirigió en Chile la revista de poesía "El Espíritu del Valle". Ganó galardones destacados, tales como el Premio Pedro de Oña (1968), el premio de la fundación Pablo Neruda (1987) y en el 2006 se hizo acreedor de uno de los premios Altazor por su libro "Autorretrato de memoria". Fue también traductor del inglés, francés y neerlandés.

Obra: Relación personal (1968). La Ciudad (1979, 1994, 2007). Vida (1984). Seudónimos de la muerte (1984). Virus (1987).Dragón que se muerde la cola (1987). Cinco poemas eróticos (1990). Strange houses (1991). Trece lunas (1997). Claroscuro (2002). Autorretrato de memoria (2005).Veneno de escorpión azul. Diario de Vida y de Muerte. (2007)

En el palacio hebreo, donde el suave

humo fragante por el sol deshecho,

sube a perderse en el calado techo

o se dilata en la anchurosa nave,

está la Tetrarca de mirada grave,

barba canosa y extenuado pecho,

sobre el trono, hierático y derecho,

como adormido por canciones de ave.

Delante de él, con veste de brocado

estrellada de ardiente pedrería,

al dulce son del bandolín sonoro,

Salomé baila, y, en la diestra alzado,

muestra siempre, radiante de alegría,

un loto blanco de pistilos de oro.

Julián del Casal©

 

Poeta cubano que hizo de su persona el prototipo de poeta maldito y esteta. Nació en La Habana, en el seno de una familia de ricos hacendados de origen vasco, pero que se arruinó cuando él era niño, por lo tanto, pasó de la opulencia a la miseria. Afectado de tuberculosis, toda su vida vivió esperando la muerte que le llegó joven. Incorporó como propio todo el exotismo de la languidez finisecular estética del tardo romanticismo, de los parnasianos y modernismo, llevando una vida bohemia e inventándose su vida. Sus modelos éticos y estéticos eran los poetas franceses Charles Baudelaire y Théophile Gautier, y su escenario favorito París, ciudad que nunca visitó, tal vez, por su estado de salud, que le impidió salir de Cuba, excepto en una ocasión en la que viajó a Madrid. Su primer libro de poesías, que hay que considerar dentro del romanticismo, Hojas de viento (1890), está marcado todavía por las influencias de románticos españoles como Campoamor, Zorrilla o Bécquer, aunque también hay crispaciones a lo Heine o Leopardi y se anuncia Baudelaire y Gautier. Todas estas influencias significan que todavía no es una obra original, sino un ejercicio literario sobre lo estudiado pero no interiorizado, hecho propio. En el segundo libro, Nieve (1892), ya el título sugiere el modernismo, pues si hay algo exótico en el Caribe es la nieve, y en él, el tono pesimista aristocrático, así como la preocupación formalista en métrica y léxico, son propias del modernismo de Darío y Gutiérrez Nájera y, por supuesto, de Verlaine. Y así se llega a su tercer y último libro, Bustos y rimas (póstumo, 1893), el más original y personal donde se anunciaba un gran poeta llamado a renovar las letras hispanas. Es un libro sombrío y audaz en el que se rinde culto a las sensaciones, los símbolos, el gusto por las culturas exóticas desde la helenista, el rococó o el japonismo, pero en el que todo se vive y cuenta desde el interior, sin paisajes externos. Su muerte impidió que su obra se desarrollara, por eso es un poeta muy valorado como símbolo y ejemplo de vida.

A mí me dicen ilusa
y es cierto…
y lo cierto es mejor no negarlo.
A mí me dicen poeta,
caminante entre los sueños.
Me dicen tantas cosas,
que a veces creo que es verdad.

Pero en el fondo me aman…
soy como ese mar que regresa,
que nunca huye.
Soy una princesa,
un alma fugitiva de las almas clandestinas.
A mí me dicen que soy como mi padre,
que guardo su fachada en cada esfera,|
que soy la espuma de sus ojos

esos ojos que son sabios,
                                 retumbantes compañeros

A mí me dicen muchas cosas
a veces las creo…

Paola Valverde Alier©

 

Costa Rica, 1984. Tres libros inéditos: Princesa, fabricada por abejas y La quinta esquina del cuadrilátero. Creadora del sueño “Rayuela Bar y Restaurante” en conjunto con Dennis Ávila. Gestora cultural, dictó cuatro años un taller de poesía en la cárcel La Reforma. Actualmente coordina junto con Norberto Salinas el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica.

Después de mil noches anclado en la bahía del correo,
después de 999 poemas devueltos
en sobres sin abrir,
te fuiste diluyendo
como el agua o el viento.
Es que no quisiste perderte en mi bosque
y rodeaste todos los caminos
Después de traerte la flamígera espada
del ángel que custodia el paraíso,
desenterrar un meteorito
para compararlo con tus ojos.
Después de la tierra, el sueño
la caída de tres dinastías y un imperio,
te escribo este último poema
con método de hormiga laboriosa
cuyo único salario
—no pequeño—
será
el sosiego de terminar este desvarío
con un número redondo como el sol.

Benjamín Chávez©

Bolivia,  1971. Reside en La Paz. Ha publicado los poemarios: Prehistorias del androide, 1994; Con la misma tijera, 1999; Santo sin devoción, 2000; Y allá en lo alto un pedazo de cielo, 2003; Extramuros, 2004; Pequeña librería de viejo, 2007, Premio Nacional de Poesía. Es editor de la revista de literatura La Mariposa Mundial y del suplemento literario El Duende

 

     Entre el árbol y el agua que extermina,
junto a su tronco resonante y duro
se ahoga el mundo y renazco ante la espina.

     Contra un rasgueo triste, vago, oscuro
bastimento del pecho en correntada,
una creciente de contorno puro.

    Tornan a su lugar los rostros. Nada.
Horizontal y lentamente asida
boya la voz en una remansada.

    A la orilla. Detrás, mengua la herida,
envejecen el yugo y la coyunda,
la médula en cenizas nos olvida.

     Mas surge una guarania y me circunda
los huesos y el rezumo de mi nombre,
favorece mi sangre más profunda

      y me declara que el dolor y el hombre
se hospedan dentro de su mismo canto
y aunque recuerde el grito, aunque me asombre,

       trajinan solos, cierran mi quebranto
y al tocar su horizonte descoyuntan
estrellas sobre el filo de mi llanto.

      Al ser así, los huesos me repuntan
hacia un paraje antiguo de agonía
y por el centro, ahí donde se ayuntan

      guitarras de vigilia y travesía
y el pulso grave, ciegamente fuerte,
de un jazmín al parral del mediodía,

     sin adiós ni temblor, azul de suerte,
por turbios tajamares jalonado,
es sutil el pregusto de mi muerte.

     Y en silencio auxiliar, arrebatado,
principio pues y sigo, alfar del hueco,
del molde de mi cuerpo desatado,

    con sed desierta y despertar reseco,
con palabras de olor caliente, pleno
en la curva nocturna, eco tras eco

    de mi valle frutal cierto y moreno
en las cumbres del sueño, ya con rojos
machetes como nervios, al sereno,

    termino acá, con un farol por ojos,
y arribeño del alba, rabelero,
aún con puños, con últimos despojos,

    en diagonal perdida de lucero
entrego para el viento del poniente
esta picada abierta a sol entero
desde mi propia tierra hasta mi frente.

Carlos Villagra Marsal©

Asunción, Paraguay, 1932. Poeta, narrador, ensayista e intelectual paraguayo. Fue director de la Tertulia Literaria Hispanoamericana de Asunción. Actualmente es profesor de Literatura guaraní en la Universidad Católica y en la Universidad Nacional Asunción. Cofundador de Alcándara Editora, fue su director desde 1982 hasta 1988. Condujo además la Editorial Araverá desde 1985 hasta 1987. Ha escrito varios libros, ensayos y comentarios críticos aparecidos en diversos semanarios culturales y publicaciones literarias nacionales y extranjeras.   

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