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Cruzando los salitrales
uno se muere de sed.
Aquello es puro desierto
Y allí no hay nada que hacer.
Trabajo, quiero trabajo
Porque esto no puede ser
Un día veré al desierto
Convertido en un vergel.

El río es puro paisaje,
Lejos sus aguas se van,
Pero mis campos se queman
Sin acequias ni canal.
Trabajo, quiero trabajo,
Porque esto no puede ser,
Un día veré a mi campo
Convertido en un vergel.

Las entrañas de la tierra
Va el minero á revolver.
Saca tesoros ajenos
Y muere de hambre después.

Trabajo, quiero trabajo
Porque esto no puede ser.
No quiero que nadie pase
Las penas que yo pasé.

Despacito, paisanito,
Despacito y tenga fe,
Que en la noche del minero
Ya comienza á amanecer.

Trabajo, quiero trabajo,
Porque esto no puede ser.

Atahualpa Yupanqui

Héctor Roberto Chavero, nació en Pergamino (Prov. Buenos Aires) el 22 de enero de 1908. Cantor, guitarrista, poeta, compositor, recopilador. Hizo sus primeros estudios musicales con el Padre Rosáenz. Más tarde aprendió guitarra en Junín (Prov. Buenos Aires) con Bautista Almirón. En 1918 su familia se trasladó a Tucumán. En 1923 murió su padre, por lo que tornó a radicarse con los suyos en Junín. En 1926 escribió Camino del indio. Emprendió un viaje a Jujuy, Bolivia y los Valles Calchaquíes. En 1931 recorrió Entre Ríos, afincándose un tiempo en Tala. Participó en la fracasada sublevación de los hermanos Kennedy, por lo que debió exiliarse en Uruguay. Pasó por Montevideo, para luego dirigirse al interior oriental y el sur del Brasil. En 1934 reingresó a la Argentina por Entre Ríos y se radicó en Rosario (Prov. Santa Fe). En 1935 se estableció en Raco (Prov. Tucumán) Pasó brevemente por la ciudad de Buenos Aires -donde diversos intérpretes comenzaban a popularizar sus canciones- para actuar en radio. Recorrió después Santiago del Estero, para retornar por unos meses a Raco en 1936. Realizó una incursión por Catamarca, Salta y Jujuy. Más tarde visitó nuevamente el Altiplano en busca de testimonios de las viejas culturas aborígenes. Retornó a los Valles Calchaquíes, recorrió a lomo de mula los senderos jujeños y residió por un tiempo en Cochangasta (Prov. La Rioja). A principios de la década del ’40, en Tucumán se casó con María Martínez, pero el matrimonio fracasó. Poco después conoció en Córdoba a Paule Pepin Fitzpatrick, "Nenette", quien sería su definitiva compañera y colaboradora musical con el seudónimo "Pablo Del Cerro". Algo más tarde se editó "Piedra sola", su primer libro. En 1944, durante otra incursión por las provincias del noroeste creó El arriero. A poco debió abandonar Raco, episodio que dio origen a sus sentidas zambas Adiós Tucumán y La añera (1946). Enfrentado al régimen militar triunfante, desde 1946 a 1949, sufrió persecuciones, proscripción y cárcel. En 1950 pasó a Uruguay y desde allí a Europa. En París, Edith Piaf le dio la oportunidad de compartir el escenario, debutando en junio de ese año. A partir de allí, realizó varias giras por el Viejo Continente. Regresó a Buenos Aires en 1952. A causa de sus críticas fue expulsado del Partido Comunista, lo que le facilitó el reingreso a las radios, pero le valió las críticas de propios y extraños, que no sabían dónde encasillarlo. Así en 1956, derrocado el peronismo, también fue perseguido por los militares antiperonistas. Pasó unos años alternando entre sus residencias de Buenos Aires y de Cerros Colorados (Prov. de Córdoba), hasta que en 1963/64 emprendió una serie de viajes a Colombia, Japón, Marruecos, Egipto, Israel e Italia. En 1965 se editó el disco El payador perseguido. Durante 1967 recorrió en giras toda España, para luego instalarse casi definitivamente en París con periódicos regresos a la Argentina que, con el advenimiento en 1976 de la dictadura militar, se hicieron menos frecuentes. Recién en 1979 volvió a presentarse en su país. Sus actuaciones en Europa comenzaron a espaciarse a causa de algunos trastornos de salud. En 1986 Francia lo condecoró como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En 1987 volvió al país para recibir el homenaje de la Universidad de Tucumán. Debió internarse en Buenos Aires en 1989 para superar una dolencia cardíaca, pese a lo cual en enero de 1990 participó en el Festival de Cosquín. En noviembre de ese año murió Nenette. Sin embargo, a los pocos días Yupanqui cumplió un compromiso artístico en París. Volvió a Francia en 1992 para actuar en Nimes pero se indispuso y allí murió el 23 de mayo. Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y descansan en Cerros Colorados. Dejó innumerables obras para el cancionero argentino de raíz folklórica. Como escritor, publicó Piedra sola (1940), Aires indios (1943), Cerro Bayo (1953), Guitarra (1960), El canto del viento (1965), El payador perseguido (1972) y La Capataza, (1992).

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Una pequeña tarea como esta de
cortar el pan y llevarlo a la mesa,
empieza y luego acaba
-círculo de sentido que se cierra-
la pequeña molécula de un proyecto
/cumplido.

¿Trivial? Tal vez, pero mira dibujarse
con perfección acabadísima
cada gesto enlazado en el siguiente
anillado en la suave
espiral invisible
que va del pensamiento hacia la mano
del ojo hacia el cuchillo.

Circe Maia©

Nació en Montevideo en 1932. Pasó gran parte de su infancia en Tacuarembó, vuelve a Montevideo, y ya casada, se trasladó nuevamente a Tacuarembó.
Comenzó precozmente su tarea literaria, publicando su primer libro "Plumitas" a los 12 años. Luego "En el Tiempo" en 1958, "Presencia diaria" (1964), "El puente" (1970). A través de su obra podemos conocer a la poetisa que supo utilizar un "lenguaje simple", directo, sobrio; los objetos: la leche, el azúcar, el pan; las personas, las muertes cercanas, es decir, lo cotidiano.
Circe ha declarado que su trabajo poético "ve en la experiencia diaria, viva, una de las fuentes más auténticas de poesía".
Ha ejercido como docente de Filosofía y traductora, ha leído textos filosóficos que influyeron en su manera de ver las cosas. Participó en 1992 del Encuentro de escritores y traductores de Delfos, en Grecia.
Otras obras: "Destrucciones" (1986), donde habla de la pérdida de su hijo, muerto en un accidente, "Un viaje a Salto"(1987) que incluye un diario personal de la época de la dictadura, cuando su marido fue encarcelado, "Superficies"(1990), "De lo visible" (1998) y "Obra poética" (2007) una recopilación de todos sus poemas .
Varios de sus poemas han sido musicalizados por Daniel Viglietti y Numa Moraes.

La limpieza expone a efectos públicos
esa intimidad tan custodiada.
El sol elige el centro de la bandera
la convierte en zona de combate;
las golondrinas hacen sus primaveras
y los gorriones el resto de los solsticios.
Vientos de paso silban los broches,
les cierran las bocas.
Entre las guerras de pañuelos
pierden los del luto en los orillos,
los lloros de los mayores con lágrimas,
con mocos inconsolables a secarse.
Parado en un extremo
atado al alambre cubro las estaciones,
los fantasmas disfrazados con sábanas
exaltan la pasión escéptica de los domesticados.
En la otra punta un poste
me deja hacer
y no se cae de asombro.

Luis Luchi©

Luis Yanischevsky Lerer conocido por su pseudónimo literario como Luis Luchi nació el 11 de octubre de 1921 en el barrio de Villa Crespo de Buenos Aires, Argentina, hijo de Gregorio Yanischevsky y Paulina Lerer, inmigrantes judíos ucranianos. Hacia 1926, su familia se muda a Parque Chas. En 1944, Luis Luchi se casa con Irene Lavalle, con quien tiene tres hijos. Militó activamente en el Partido Comunista, sin embargo, a través de los años habría de acercarse al anarquismo. Trabajó como obrero gráfico en editorial Atlántida y como vendedor viajante de libros, sin embargo, después decide dedicarse a la poesía, manteniéndose al margen de la cultura oficial. En la década de 1960 participa en el grupo "El Matadero", grupo de cuentistas cuyo nombre rendía homenaje al relato homónimo de Esteban Echeverría. El grupo se reunía en el café El Estaño, ubicado en las calles de Talcahuano y Corrientes, al que habían renombrado "El Gardelito" y estaba integrado por Guillermo Cantore, Blas Raúl Gallo, Nenina Caro, Mario Lesing, Arminda Ralesky y Lubranolas, entre otros, quienes se proponían publicar a jóvenes con sentido popular. Luis Luchi sólo habría de publicar su cuento El Brasilerito en 1961 en la antología Cuentistas argentinos contemporáneos editada por El Matadero. A finales de la década y principios de la siguiente, Luis Luchi forma el grupo "Gente de Buenos Aires", junto con el poeta Roberto Jorge Santoro, el actor Héctor Alterio, el músico Eduardo Rovira y el artista plástico Pedro Gaeta con el objeto de acercar la cultura al público presentándose en clubes de barrio, sociedades de fomento y escuelas. Luis Luchi, profundo admirador de César Vallejo y Vladimir Mayakovsky recurre a la ciudad, el barrio, el tango y las luchas sociales como temas de su obra, siempre marcada por el humor y la ironía. Luis Luchi muere el 21 de octubre de 2000 en Barcelona, España.

A los viajeros del alba

Mi interés por la poesía, especialmente por la poesía colombiana, es muy remoto. La primera vez que tuve en mis manos un libro de poemas, las palabras despedían un casto olor alcanforado que me crispó los pelos. Entre los poemas que nos dejó Julio Flores (l867-l923), hay un reguero de brumas, lágrimas, cadáveres y bambucos que en noches de luna y calles solitarias algún guitarrero se atrevía a cantar a su amada con suma melancolía. En alguna de esas calles, José Asunción Silva (l865-l896) hijo predilecto del modernismo, asomó la cabeza por la ventana de su habitación, solemne y cargado de melancolía dijo:

“¡La sombra! ¡Los recuerdos! La luna no vertía

allí ni un solo rayo… Temblabas y eras mía”.

Bella época en la que una rosa era una rosa, y el poema un vaso santo. Lástima que el perfume de la rosa no alcanzó a perfumar su vida, porque cuando menos se esperaba se pegó un tiro en el corazón “porque le dio la gana”. La bala le atravesó el corazón, y según sus biógrafos y mentores, también le atravesó el corazón a Elvira:

“¡Oh, las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas…!”

Años más tarde me encontré con la poesía que nos hacía falta para derrotar la bruma melancólica de los años anteriores. Si bien la obra poética de Porfirio Barba-Jacob (1883-1942), quien podría considerarse un caso aislado en nuestra lírica, “va a influir de manera decisiva en la evolución de nuestra lírica” (1), pero son los poetas de la alegría los que trazan los derroteros de nuestra poesía actual: Ciro Mendía (1892-1979), Luís Carlos López (1883-1950) y Luís Vidales (1904-1990), risueño como un niño, con un tacto nuevo, tan nuevo que sorprendió a las cosas y a los hombres, lo que le permitió ser el único poeta de vanguardia, realmente, en nuestra historia.

Superaba “Gotas Amargas” de José Asunción Silva, donde había menos poesía y muchas amarguras; superaba los antipoemas de Luís Carlos López, porque Vidales resultaba más afirmativo; le daba una respuesta diferente a la poesía romántica, que sería la de León de Greiff (1895-1976) -nuestro último gran romántico- al capitalismo que nos invadía, e inauguraba el humorismo sano, fértil, inteligente, de buena gana, como la faceta más difícil de la poesía, sosteniéndolo como el instrumento temperamental más eficaz frente a una sociedad que era entregada en aras de su desarrollo al apetito extranjero. También daba comienzo, entre nosotros, a la llamada posteriormente poesía conversacional, y sobre todo a la literatura urbana en su mejor dimensión, cosa que jamás se recuerda. Su ruptura provenía de la calle, del paraguas, del barrio, del teléfono, del cine, de la cámara fotográfica, de los diarios, del reloj, del aeroplano, de todo cuanto iba a ser el siglo XX” (2). Desde la aparición de Suenan Timbres hasta hoy, ningún otro poeta colombiano ha superado esa alegría y humor, perenne y permanente de Vidales, quien haciendo sonar el nítido timbre de su voz, decía en 1926:

“Pero el dulce muchacho de mi niñez

hace mucho tiempo se ha marchado

yo no sé para dónde”.

Al sur, mucho más al sur, en un paraje edénico del universo, a la vuelta del solar natal, muy cerca del amor fraterno y de la tierra generosa, renovado en pasión por el hombre y las cosas elementales, apareció Aurelio Arturo (1909-1974). Desde muy lejos traía entre sus manos la serenidad de los años, el aroma de la tierra fresca. Y traía también Morada al Sur. “Marginal, discreto, la fluida y parca vena de agua de su poesía corre inextinguible: permanece” (3). Así escribía, y también cantaba Aurelio Arturo:

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Cómo llenarte, soledad,
Sino contigo misma.

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
Quieto en ángulo oscuro,
Buscaba en ti, encendida guirnalda,
Mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
Y en ti los vislumbraba,
Naturales y exactos, también libres y fieles,
A semejanza mía,
A semejanza tuya, eterna soledad.

Fui luz serena y anhelo desbocado,
Y en la lluvia sombría o en el sol evidente
Quería una verdad que a ti te traicionase,
Olvidando en mi afán
Cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
Con nubes sobre nubes de otoño desbordado
La luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
Te negué por bien poco;
Por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
Por quietas amistades de sillón y de gesto,
Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
En bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
Que yo fui,
Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
Limpios de otro deseo,
El sol, mi dios, la noche rumorosa,
La lluvia, intimidad de siempre,
El bosque y su alentar pagano,
El mar, el mar como su nombre hermoso;
Y sobre todos ellos,
Cuerpo oscuro y esbelto,
Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
Y tú me das fuerza y debilidad
Como al ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
Oigo sus oscuras imprecaciones,
Contemplo sus blancas caricias;
Y erguido desde cuna vigilante
Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
Por quienes vivo, aun cuando no los vea;
Y así, lejos de ellos,
Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
Roncas y violentas como el mar, mi morada,
Puras ante la espera de una revolución ardiente
O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
Cuando toca la llora de reposo que su fuerza conquista.
Tú, verdad solitaria,
Transparente pasión, mi soledad de siempre,
Eres inmenso abrazo;
El sol, el mar,
La oscuridad, la estepa,
El hombre y su deseo,
La airada muchedumbre,
¿Qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
En ti, mi soledad, los amo ahora.

Luis Cernuda©

Poeta español nacido en Sevilla en 1902. Perteneció a una familia acomodada donde respiró una atmósfera de estricta disciplina y desafecto reflejada en su carácter tímido, introvertido y amante de la soledad. Estudió Derecho y Literatura Española. Lírico exquisito, fue encasillado entre los representantes de la «Poesía pura». En 1925 comenzó a frecuentar el ambiente literario, haciendo amistad con los más destacados poetas de su generación: Alberti, Aleixandre, Prados, y García Lorca,  entre otros. Exiliado después de la guerra civil, fue profesor de Literatura en Glasgow, Cambridge, Londres, Estados Unidos y México, donde falleció en 1963.

Quisiera regalarte un pedazo de mi falda,
hoy florecida como la primavera.

Un relámpago de color que detuviera tus ojos en mi talle
– brazo de mar de olas inasibles –

la ebriedad de mis pies frutales
con sus pasos sin tiempo.

La raíz de mi tobillo con su
eterno verdor,

el testimonio de una mirada que te dejara en el espejo
como arquetipo de lo eterno.

La voluble belleza de mi rostro, tan cerca de morir a cada instante
a fuerza de vivir apresurada.

La sombra de mi errante cuerpo
detenida en la propia esquina de tu casa.

El abejeante sueño de mis pupilas
cuando resbalan hasta tu frente.

La hermosura de mi cara
en una doncellez de celajes.

La ribera de mi aniñada voz con tu sombra de increíble tamaño,
y el ileso lenguaje que no maltrata la palabra.

Mi alborozo de niña que vive el desabrigo
para que tú la cubras con la armadura de tu pecho.

O con la mano aérea del que va de viaje
porque su sangre submarina jamás se detiene.

La fiebre de mis noches con duendes y fantasmas
y la virginal lluvia del río más oculto.

Que a nivel del aire, de la tierra y el fuego,
el vientre como abanico despliega.

La espalda donde bordas tus manos
hinchadas de oleaje, de nubes y de dicha.

La pasión con que desgarras
en el lecho del mismo torrente inabarcable

como si el mismo corazón se te hiciera líquido
y escapara de tu boca como un mar sediento.

El manojo de mis pies
despiertos andando sobre el césped.

Como si trémulos esperaran la inexpresada cita
donde sólo por el silencio quedaron las cadenas rotas.

Y en tus dedos apresado el apremio de la vida
que en libertad dejó tu sangre,

aunque con su cascada, con su racha,
los árboles del deshielo, algo de ti mismo destrozaran.

La cabellera que brota del aire
en líquidas miniaturas irrompibles

para que tus manos indemnes hagan nido
como en el sexo mismo de una rosa estremecida.

La entraña donde te sumerges como buscando estrellas enterradas
o el sabor a polvo que hará fértiles nuestros huesos.

La boca que te muerde
como si paladeara ríos de aromas;

o hincándote los dientes
matizara la vida con la muerte.

El tálamo en que mides mi cintura
en suave supervivencia intransitiva,

en viaje por la espuma difundido
o por la sangre encendida humanizado

el mundo en que vivo
estremecida de gestaciones inagotables.

El minuto que me unge de auroras
o de iridiscencias indescriptibles.

Como si a ritmo de tu efluvio soberano
salvaras el instante de miel inadvertida;

O dejaras en el mágico horizonte de luces apagadas
el tiempo desmedido y remedido.

En que apresados quedaran los sentidos
y al fin ya sin idioma, desnudos totalmente.

Como si ensayando el vuelo se quemaran las alas
o por tener cicatrices se extenuaran los brazos.

La piel que me viste, me contiene y resuma,
la que ata y desata mis ramajes.

La que te abre la blanca residencia de mi cuerpo
y te entrega su más íntimo secreto.

Mi vena, llaga viva, casi quemadura,
huella del fuego que me devora.

El nombre con que te llamo
para que seas el bienvenido.

El rostro que nace con la aurora
y se custodia de ángeles en la noche.

El pecho con que suspiro, el latido,
el tic-tac entrañable que ilumina tu llegada.

La sábana que te envuelve en tus horas de vigilia
y te deja cautivo en él, duerme, sueño del amor.

Árbol de mi esqueleto
hasta con sus mínimas bisagras.

El recinto sombrío
de mis fémures extendidos.

La morada de mi cráneo, desgarrado lamento,
pequeña molécula de carne jamás humillada.

El orgullo sostenido de mis huesos
al que hasta con las uñas me aferro.

Mi canto perenne y obstinado
que en morada de lucha y esperanza defiendo.

La intemporal casa
que mi polvo amoroso te va ofreciendo.

El nivel del quebranto
o la herida que conmigo pudo haber terminado.

El llanto que me ha lavado
y que este pequeño cuerpo ha trascendido.

Mi sombra tendida
a merced de tu recuerdo.

La aguja imantada
con su impensable polen y sus rojas brasas.

Mi gris existencia
con su primera mortaja

Mi muerte
con su pequeña eternidad.

Clementina Suárez©

 

Juticalpa, Olancho, 1902-1991. Vino al mundo un 12 de mayo. Sus padres fueron: Don Luis Suárez, profesional del derecho, y Amelia Zelaya Bustillo, una bella mujer proveniente de una de las familias más ricas de Olancho. Clementina Suárez realizó sus estudios primarios en su lugar de origen y luego, en 1918, se trasladó a Tegucigalpa, donde estudió en una escuela privada para señoritas. Desde niña manifestó su clara vocación de poeta. En 1930 publicó Corazón Sangrante, el primer libro de poemas de una mujer hondureña. Viajó a México, donde, en contacto con un medio más evolucionado, publicó Templos de Fuego, Iniciales y De mis sábados el último (1931). En Costa Rica publica Engranajes (1935). Después de residir en Nueva York se traslada a La Habana, donde sale a la luz Veleros (1937) ya en una forma totalmente nueva. En San Salvador, el Ministerio de Cultura le edita su libro Creciendo con la hierba. Pero la línea de su actividad no se limita a la poesía; publica en Honduras la revista Mujer y funda en México una galería de arte centroamericano. En San Salvador funda El Rancho del Artista, donde, además de tener una exposición permanente, se escucha la voz de Miguel Ángel Asturias, Salarrué, Pablo Antonio Cuadloira, Eunice Odio y otros valores de América. En Tegucigalpa funda la primera galería de arte, a la que llama Morazánida. No pertenece a ningún grupo, porque ella crea los grupos. Colaboró con diarios y revistas escribiendo artículos, entrevistas y semblanzas. Fue una madre soltera. Tuvo dos hijas: Alba y Silvia. Posteriormente contrajo matrimonio con el poeta Guillermo Bustillo Reina, hondureño, y más tarde con el pintor José María Vides, salvadoreño. Se divorció de ambos porque consideró que le interrumpían en su carrera y en su forma de pensar y vivir. Recibió el Premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa” en 1970.

A mi padre, a los que permanecen.
A Sol, a los que están conmigo.

1.
Amanece.
Se abre el poema.
Las aves abren las alas.
Las aves abren el pico.
Cantan los gallos.
Se abren las flores.
Se abren los ojos.
Los oidos se abren.
La ciudad despierta.
La ciudad se levanta.
Se abren llaves.
El agua corre.
Se abren navajas tijeras.
Corren pestillos cortinas.
Se abren puertas cartas.
Se abren diarios.
La herida se abre.
Sobre las aguas se levanta niebla.
Elevados edificios se levantan.
Las grúas levantan cosas de peso.
El cabrestante levanta el ancla.
Corren automóviles por las calles.
Los autobuses abarrotados corren.
Los autobuses se detienen.
Abren las tiendas de abarrotes.
Abren los grandes almacenes.
Corren los trenes.
Corre la pluma.
Corre rápida la escritura.
Los bancos abren sus cajas de caudales.
Los clientes sacan depositan dinero.
El cieno forma depósitos.
El cieno se deposita en aguas estancadas.
Varios puentes cruzan el río.
Los trenes cruzan el puente.
El tren corre por los rieles.
El puente es de hierro.
Corre el tiempo.
Corre el viento.
Traquetean los trenes.
De las chimeneas sale humo.
Corren las aguas del río.
Corre agua sucia por las cloacas.
Las cloacas desembocan en el río.
Las gallinas cloquean.
Cloc cloc hacen las gallinas.
De la cloaca sale un huevo.
El río es hondo.
El río es ancho.
Los ríos tienen afluentes.
Los afluentes tienen cascadas.
Los afluentes desembocan en el río.
Las avenidas son anchas.
La calle desemboca en la avenida.
El río desemboca en el mar.
El mar es amplio.

2.
Circulan los automóviles.
Circulan rumores de guerra
El dinero circula.
La sangre circula.
Los peatones van a sus ocupaciones.
Los peatones cruzan en las esquinas.
Los peatones circulan por las veredas.
Los hombres llevan pantalones.
Los agentes llevan impermeables.
Apuestan agentes en las esquinas.
Circulan hombres astrosos.
Los cesantes circulan.
Las nubes ocultan el azul del cielo.
Las nubes ocultan la luz del sol.
Las nubes circulan a gran altura.
La nieve es blanca.
El cóndor vuela a gran altura.
Hay nieve en las alturas.

3.
Andan los relojes.
Andan los planetas.
¿Cómo andamos?
Ando a tropezones.
Ando enfermo.
Ando con hambre.
Ando sin plata.
Ando andrajoso.
Ando sucio.
Ando solo.
Ando con miedo.
Ando huyendo.
¡Andate! me dijeron.
Andan tras de mí.
Ando por los andenes.
¡Andando!
Adiós.
Los Andes están nevados.

4.
Se abren las esclusas.
Las esclusas dejan pasar el agua.
Las ambulancias ululan.
Los autos dejan pasar una ambulancia.
Las ambulancias son blancas.
Las almohadas son blandas.
La harina es blanca.
La cabeza descansa sobre la almohada.
Los poros dejan pasar el sudor.
El enfermo descansa algunas horas por día.
Corren días hábiles.
Hubo fútbol.
Hubo tenis.
Hoy no hay trabajo.
No hay vacantes.
Corren los escolares.
Las tarjetas perforadas corren.
El agua corre por cañerías de plomo.

5
Se cierran las llaves.
Los resistentes corren riesgos.
Los ciclistas corren se persiguen.
Los barcos persiguen cardúmenes.
Corro peligro me persiguen.
Las persecuciones consiguen hacer prosélitos.
Se abren cuentas.
Se abre el apetito.
El bosque es umbrío.
En el bosque se abren senderos.
El búho ulula.
Los conejos abren madrigueras.
Los sepultureros abren fosas.
Los presos abren un agujero.

6.
Uno aprieta a correr. Lo siguen.
Los peatones abren paso.
Doblan corriendo una esquina.
El soplón con disimulo se escabulle.
Disimular la ira.
Disimular el disgusto.
Disimular la pobreza.
Disimular el hambre.
Morderse la lengua.
Obrar con mucho disimulo.

7.
Otoña en la ciudad.
Las hojas enrojecen.
Las hojas amarillean.
Caducan las hojas.
Las hojas caen.
La hojarasca es inútil.
No cae la Junta.
El tirano no cae.
Sopla el viento.
Las hojas vuelan.
El viento barre las hojas.
Remolinean las hojas secas.
En el río hay remolinos.
Hojas rojas flotan en el río.
Revolotean hojas de diarios.
Revolean las aves.
El río sigue su curso.
El otoño sigue al verano.
Siguen mis pasos.
Se acortan los días.
Se alargan las noches.
Abril sigue a marzo.
Alargan el toque de queda.
Alargan el estado de sitio.
Abril cuenta con treinta días.
Abril es el cuarto mes del año.
Pasan los días.
Cae otra hoja del calendario.

8.
Cae el sol.
Cae el agua del caño en la pila de piedra.
El agua cae en la cascada.
Es cascada la voz del anciano.
Se recogen los soldados.
Los soldados alojan en cuarteles.
En hoteles alojan los viajeros.
La población se recoge temprano.
Faltan horas para el toque de queda.
Vuelan mariposas crepusculares.
Las aves se retiran a sus nidos.
El mar cubre la orilla y se retira.
El día declina.
Se enciende el alumbrado.
La ciudad se ilumina.
Las mariposas rondan la luz.
Con la edad las fuerzas declinan.
Años de pocas luces
Estos mis últimos años.
Vivimos en la oscuridad.
El anciano enciende la luz.
Clic hacen los interruptores.
Las habitaciones se iluminan.
Se encienden los televisores.
Habla por cadena el tirano.
Oscurece temprano en invierno.
Los rótulos de neón se prenden y apagan.
Cierran las tiendas.
Las calles van quedando vacías.
Aparecen las primeras estrellas.
Los peatones caminan con premura.
Los peatones precipitan el paso.
Aparecen las primeras patrullas.
Comienza el toque de queda.
Aparece la luna.

9.
El día tiene veinticuatro horas.
La ampolleta está encendida las 24 horas.
La ampolleta cuelga del centro del cuarto.
El aire del cuarto es pesado.
Puertas y ventanas permanecen cerradas.
Los prisioneros tienen la cabeza inclinada.
Los prisioneros están sentados en sillas.
Los prisioneros están con la vista vendada.
Pestañas y cejas se pegan a la venda.
Bajo la venda se mueven los párpados.
Las manos se hinchan.
Las manos están atadas con cordeles.
Sacan encapuchado a un prisionero del cuarto.
Los prisioneros se quejan susurran se mueven.
Los prisioneros deben permanecer inmóviles.
Los prisioneros deben permanecer en silencio.
Cualquiera infracción es duramente castigada.
Los prisioneros reciben alimento una vez al día.
El caldo es magro y se sirve frío.
Los prisioneros beben agua en forma racionada.
No se permite el aseo personal a los prisioneros.
Los prisioneros van una vez al día al retrete.
Pasada la medianoche permiten tenderse en el suelo.
El compañero que fue al interrogatorio no ha vuelto.
Los prisioneros duermen sólo con sus ropas.
En la noche son audibles los gritos de los compañeros.
Los prisioneros son despertados en la madrugada.

10.
En las vitrinas hay maniquíes.
Los maniquíes son de yeso.
Los maniquíes están inmóviles.
Los maniquíes son elegantes.
Los maniquíes visten ropa cara.
Ropa nueva de primera mano.
Los maniquíes no tienen frío.
Los maniquíes no tienen hambre.
Los maniquíes lucen saludables.
Son felices.
Están siempre sonriendo.

11.
La tierra se mueve.
Se mueven los dientes que se van a caer.
Cambian dientes los niños.
Caen los dientes de leche.
La leche cae en el balde.
La vaca da leche.
El toro carga.
Se carga el cielo de nubes.
Cae una garúa.
Los soldados cargan armas.
Los mozos cargan bandejas.
Estoy cargado de hijos.
La carga agobia.
Soportamos el peso de la dictadura.
Cambian unas papas por un puñado de fideos.
Cambian un pan por una pizca de aceite.
Cambios en el gabinete.
Cambian el agua al florero.
Salen militares. Entran civiles.
Las culebras cambian de piel.
Luz roja.
Los semáforos cambian.
El camaleón cambia de color.
Los vehículos se detienen.
Cambian sábanas al enfermo.
El colchón está relleno de lana.
Las sábanas cubren el colchón.
El pastor guarda las ovejas.
Las ovejas dan lana.
La beldad guarda la línea.
El enfermo guarda cama.
Un ratón cae en la ratonera.
Cae el dátil al pie de la palmera.

12.
Cambia el viento.
El viento anuncia lluvia.
El cambiador empuja las agujas.
La locomotora cambia de vía.
El ténder sigue a la locomotora.
La locomotora arrastra vagones.
El viento arrastra hojas.
Cambia el tiempo.
Las hojas se cubren de escarcha.
El cielo se cubre de nubarrones.
Los nubarrones amenazan lluvia.
Las hojas se despiden del árbol.
Mañana nos vamos de la ciudad.
Los fueron a despedir al aeropuerto.
El viento se lleva las hojas.
Fue un adiós conmovedor.
Las bocas despiden vaho.
La rosa despide olor fragante.
La rosa es la reina de las flores.
La beldad es reina de belleza.
El cieno despide olor fétido.
Reina la miseria.
Reina la cesantía.
Reina el miedo en la ciudad.
No tienen hojas los árboles.
Los hongos no tienen hojas.
Pedí un anticipo.
Pedí peras al olmo.
Se anticipan las lluvias.
El jugador pide cartas.
El novio pide la mano.
Nos llueve sobre mojado.
El tirano pide sacrificios.
El invierno ha llegado.

13.
Llueve.
La lluvia mancha las calles.
El asfalto mojado es lustroso.
Los peatones se cubren.
El sombrero cubre la cabeza.
El paraguas resguarda de la lluvia.
Los zapatos entran en las galochas.
Las galochas son de goma.
La pelota es de goma.
La pelota rebota en el suelo.
La lluvia rebota en el suelo.
Llueve a cántaros.
Los cántaros son de barro.
La lluvia forma charcos.
En los charcos se forma barro.
La lluvia forma burbujas al caer en los charcos.
Los autos salpican.
El agua rebota en el techo.
Los techos se llueven.
Las goteras caen en tarros.
Las aguas corren por los tejados.
Los canalones recogen las aguas.
Los techos chorrean.
La lluvia golpea las ventanas.
Las gotas resbalan por los vidrios.
La lluvia moja.
La lluvia humedece las paredes.
La tierra se empapa.
Llueve en la ciudad.
Llueve en el poema.
El anciano escribe.
Las gotas de lluvia no son centavos.
Ojalá fueran centavos las gotas de lluvia.

14.
Las paredes se levantan a plomo.
Las paredes son altas.
Las paredes cierran.
Las paredes separan.
Amordazan con pintura las paredes.
La lluvia las despinta.
Reaparecen fragmentos de murales.
Siglas de partidos proscritos.
Consignas antiguas.
Y la última RESISTENCIA recién borrada.

15.
Los ascensores suben.
Bajan las ventas.
El ascensorista es servicial.
Los ascensores bajan.
Los soplones son ubicuos.
El ascensorista es un soplón.
Sube la fiebre al enfermo.
Suben los precios.
El precio del cobre baja.
La marea sube.
Suben las aguas del río.
Las olas suben río arriba.
La corriente choca con la marea.
Los mineros bajan a la mina.
El predicador sube al púlpito.
El difunto baja a la tumba.
Sube el telón.
El actor sube a las tablas.
El actor representa un papel.
El papel es blanco.
Interrumpen la función.
Evacúan la sala.
Detienen a varios actores.
La policía tiene carta blanca.
Dan de baja a varios generales.
Los pasajeros suben a cubierta.
Dan de baja a miles de obreros.
Los buses se detienen.
De los buses bajan pasajeros.
Suben pasajeros al bus.
Pagan toman asiento.
El funicular sube.
El funicular baja.
El tren de aterrizaje baja.
El avión toma tierra.
De los aviones bajan pasajeros.
Los aviones aterrizan despegan.
Bajo los aviones pace el ganado.
El tren se detiene.
Los viajeros bajan del tren.
Los maleteros llevan equipajes.
El carnet lleva una fotografía.
Piden papeles de identidad.
Detienen a los indocumentados.
El corazón de un peatón se detiene.
El peatón sufre un síncope.
¡Paf! cae en la calle fulminado.
Los empresarios toman medidas.
La costurera toma medidas.
La costurera toma la aguja.
El anciano retoma la pluma.
La tinta afluye a la pluma.
La sangre afluye al corazón.
La pluma raspa el papel.
Las suelas raspan el suelo.
La pluma rasguea.
El ciego rasguea las cuerdas.
La beldad tiene ojos rasgados.
El rímel embellece los ojos.
La beldad se pinta los ojos.
La beldad lleva un conjunto de falda y blusa.
Los vehículos llevan patentes.
Toman la patente a un vehículo.
El enfermo lleva meses en cama.
Al enfermo le toman el pulso.
El pulso es intermitente.
Toman once.
Toman mate.
Los borrachos toman vino.
Los gasómetros bajan.
Los gasómetros suben.
Al enfermo le baja la fiebre.
La bandera sube por el asta.
La marea baja.
La bandera ondea.
Las ondas marean.
Los cabellos ondean al viento.
La beldad se ondula el cabello.
La culebra ondula.
Las ondas suben bajan.
El río es undoso.
Baja la temperatura.
Baja la barrera de la vía férrea.

16.
La tierra es redonda.
La mesa es redonda.
La mesa es de madera.
Ponen la mesa.
El mantel cubre la mesa.
La mesa está puesta.
Los cubiertos están sobre el mantel.
El cubierto se compone de
Cuchillo.
El cuchillo tiene mango y hoja.
El cuchillo corta.
Cuchara.
La cuchara es cóncava.
Con la cuchara se come la sopa.
Tenedor .
El tenedor tiene dientes.
El tenedor pincha.
Vaso.
El vaso contiene agua.
El vaso es de vidrio.
Pan.
El pan está en la panera.
El pan tiene corteza y miga.
La miga es blanda.
La panera es de mimbre.
Servilleta.
La servilleta limpia los labios.
La servilleta es blanca.
La mesa tiene cuatro patas.
Las patas son torneadas.
Las sillas tienen cuatro patas.
Las sillas rodean la mesa.
Las sillas no tienen brazos.
Los niños acercan las sillas.
La familia se sienta a la mesa.
Sobre la mesa hay platos soperos.
Las manos empuñan las cucharas.
Reparten la sopa con el cucharón.
El pan se rompe con los dedos.
La corteza tostada cruje.
Saltan migajas.
Las migajas cubren el mantel.
Los dientes se clavan en el pan.
El hombre tiene treintaidos dientes.
Ocho incisivos.
Cuatro colmillos.
Veinte muelas.
Los dientes trituran los alimentos.
El aliment0 cae en el estómago.
Los estómagos no están llenos.
La familia come en silencio.
La familia está incompleta.
Afuera llueve.

17.
Sale el sol.
Salen los habitantes de sus casas.
Hace frío.
La plaza es ancha y sin casas.
Los hombres se alzan los cuellos.
Los pájaros alzan el vuelo.
Las mujeres se rebozan.
La calle sale a la plaza.
No sale trabajo.
Los cesantes salen en ayunas.
No hay plazas.
Sobran los brazos.
Los escolares entran a clases.
Sale a llamar por teléfono.
Entra a una cabina telefónica.
Los teléfonos están intervenidos.
¡Ring! suena el teléfono.
Los colegios están intervenidos.
Alzan los alimentos.
Alzan la movilización.
Agentes de civil salen al paso.
Los detenidos alzan las manos.
Los friolentos patean.
Los friolentos soplan sus manos.
La bufanda cubre el cuello.
Los guantes cubren las manos.
Los escolares salen a recreo.
El centinela sale de la garita.
Los niños patinan sobre la escarcha.
Las ruedas patinan.
El cortejo entra al cementerio.
Un barco sale del puerto.
De la nariz sale humo.
Los fumadores tiran colillas.
Las recogen los mendigos.
Recogen perros vagos.
Recogen la basura.
Recogen las cartas del buzón.
La beldad se recoge el pelo.
La beldad sale al balcón.
La beldad sale de compras.
La beldad se abriga.
Abrigan al enfermo.
El enfermo entra al quirófano.
El cirujano opera.
El cirujano corta con el bisturí.
El frío corta las manos.
El frío corta el cutis.
Con el frío salen sabañones.
El enfermo sale del quirófano.
Los sabañones arden pican.
El fuego defiende del frío.
El abogado defiende al procesado.
El oficial abofetea al abogado.
El fuelle sopla el fuego.
Se ríen en su cara.
Hacen añicos su alegato.
Rejas defienden las ventanas.
El cliente y el abogado desaparecen.
La escollera defiende del oleaje.
La lluvia se hiela.
Cae granizo.
Echan a miles a la calle.
Echan carbón al brasero.
Echan leña a la chimenea.
La leña no prende.
Echan parafina a la estufa.
La leña está húmeda.
Prenden la colecta con alfileres.
Prenden a extremistas.
La beldad prenda.
El agua caliente circula
Los radiadores difunden calor.
El frío paspa los labios.
El frio enronquece.
Los dientes castañetean.
El frío agrieta la piel.
En la calle hace un frío extremo.
La miseria es extrema.
El frío amorata.
Las pasamos moradas.
El frío quema las plantas.
Nos plantaron en la calle.
El frío contrae los cuerpos.
El frío contrae los músculos.
El frío congela los charcos.
La carne se conserva congelada.
La carne cuelga del gancho.
Cuelgan los animales muertos.
Tras la muerte los músculos se contraen.
El frío retrasa la putrefacción.

18.
Se distrae mirando por la ventana.
La ventana cae a la calle.
La calle está desierta.
El agua cae a raudales.
Aquella casa es más grande que ésta.
Esta casa es más pequeña que aquélla.
Frente a la ventana está la iglesia.
En la iglesia hay una boda.
Es imprudente tocar campanas durante una tormenta.
La lluvia le caló todo el vestido.
El novio se caló hasta los huesos.
Fue un enlace feliz.

19.
Llueve a mares.
El agua hervida se agita.
El agua hierve a 100º.
El mar hierve.
El mar se agita.
Los torturados braman.
Brama el mar.
Brama el viento entre los árboles.
El mar se enfurece.
El mar azota las rocas.
Azotan a los detenidos.
Violentos vientos azotan la costa.
Se levantan olas majestuosas.
Las olas se encrespan con el viento.
En el mar se levanta una tromba.
La tromba gira.
Un rayo fulgura en el cielo.
Un hombre fue fulminado.
Los rayos culebrean.
Truena.
El trueno retumba.
El trueno acompaña al relámpago.
La leche se corta en tiempo de tormenta.
Se cortaron cables telefónicos.
Los huevos enhueran durante la tormenta.
Arrecia el viento.
El viento arrolla tarros de basura.
El rio está caudaloso.
Un automóvil arrolló a un peatón.
El hilo se arrolla en el carrete.
Los árboles abrigan del viento.
El viento retarda la marcha.
El regreso a la normalidad tarda.
Tarda el bus.
Los trenes se retrasan.
Se desmorona ladera sobre la vía férrea.
Suspenden vuelos.
Los aviones se quedan en tierra.
El león ruge.
Ruge la tempestad.
Cae un rayo sobre el pararrayos.
El rayo raja la madera.
Cae un alud de piedras y lodo.
El transporte se atasca en los caminos.
El vendaval destecha.
El vendaval se lleva fonolitas.
Las fonolas y las planchas vuelan.
El viento y el agua hacen estragos.
La lluvia se cuela entre las tablas.
El viento se cuela.
La lluvia inunda las mediaguas.
Pozas se forman en las habitaciones.
Flotan las camas.
Se movilizan bomberos y policías.
Cuadrillas de cesantes palean.
El frío recrudece.
Recrudece la represión.
Llega embajador extraordinario.
Extreman la vigilancia.
Al enfermo le administran la extremaunción.
Crece impetuoso el río.
El río se sale de madre.
El río desborda por los campos.
Cubre de agua las regiones vecinas.
Se anegaron las huertas.
Se desbordó un tranque.
Los extramuros están inundados.

20.
Cae una lluvia torrencial.
La lluvia hincha los torrentes.
Los torrentes causan inundaciones.
Hoy función
A beneficio de los inundados.
Las lluvias son indispensables para la agricultura.
Las lluvias fecundan la tierra.
El trigo germina por primavera.
Las espigas de trigo contienen granos.
El arado se enredó en las raíces.
Los bueyes se acoplan al arado.
El campesino picanea los bueyes.
Escasea el trigo este año.
El paso de la tropa estropeó las siembras.
Los ratones hacen estragos en los graneros.
Las malezas esquilman los campos.
Escasea el dinero.
Tengo un puñado escaso de harina.
Encarece el pan.
Vivimos con escasez.
Está escasa la comida.
El trabajo escasea.
Los cesantes abundan.
El aceite escasea.
Abunda el agua.
El aceite es más espeso que el agua.
El aceite se hiela cuando hace frío.
El aceite penetra las telas.
La espada penetra las carnes.
La espada termina en punta.

21.
Rompe el día.
Las olas rompen formando espuma.
Suceden despidos masivos.
Las olas se suceden.
Rompen las olas del mar.
El barco rompe las olas.
Las olas rompen en los escollos.
Hay escollos en medio del mar.
Fluctúan las opiniones.
Fluctúan los barcos.
Importan fardos de ropa usada.
En el muelle atracan los barcos.
El muelle entra en el mar.
La bahía entra en la costa.
En la bahía fondean barcos.
En la costa hay dunas.
Las dunas de arena avanzan.
Los bosques de pinos detienen las dunas.
El cabo avanza dentro del mar.

22.
Se detiene la lluvia.
Detienen ciudadanos.
Los vehículos están detenidos.
Luz verde.
Las detenciones siguen.
El pino es un árbol siempre verde.
Un pájaro entra en el pino.
Las compuertas detienen el agua.
De los pinos fluye trementina.
La marea refluye.

23.
Los maderos bajan flotando por el río.
La madera se apila en el aserradero.
El serrucho presenta dientes.
El serrucho ya no corta madera.
El cepillo tiene cuchilla.
El cepillo ya no cepilla madera.
El martillo ya no golpea el clavo.
El carpintero vendió el serrucho.
                       Vendió el cepillo.
                       Vendió el martillo.
El carpintero no tiene trabajo.
Ya no se construye.
La madera se apila en el aserradero.
La carcoma roe la madera.

24.
La llave entra en la cerradura.
Los dedos entran en la manopla.
La llave gira.
El fotógrafo entra en la cámara oscura.
El domador entra en la jaula.
Los novios entran en la cámara nupcial.
¡Chas! hace el látigo.
El detenido entra en la cámara de tortura.
Saltan las fieras.
El clavo entra en la pared.
En todos los circos hay payasos.
Como el tirano no hay ninguno.
Destapan las ollas.
El enfermo se destapa.
El corcho tapa la botella.
La botella contiene vino.
El vino sale de la botella.
¡Glo glo! hace el vino.
Los borrachos entran al bar.
Un avión entra en barrena.
El vino está picado.
Un barco entra en carena.
Está picado el mar.
Los soldados se forman.
Los escolares están formados.
Un oficial los arenga.
Los escolares saludan la enseña.
La enseña sube por el asta.
Entonan la canción nacional.

25.
Apareció.
Había desaparecido.
Meses después apareció.
La encontraron.
La encontraron con un alambre al cuello.
La encontraron en una playa con un alambre al cuello.
La encontraron en una playa.
Con la columna rota y con un alambre al cuello.

Gonzalo Millán©

Santiago de Chile. 1 de enero de 1947-†id.14 de octubre de 2006). Poeta, académico, artista plástico y traductor. Es considerado por la crítica como una de las figuras más connotadas de la denominada "Generación del sesenta" en Chile, cuyo representante más joven fue justamente él. Estudió literatura en la Universidad de Concepción y fue parte del grupo Arúspice, una de las agrupaciones literarias más relevantes de la poesía chilena en la segunda mitad del siglo XX. Después del regreso a su país, a finales de la década del ochenta, luego de casi dos décadas de exilio, desempeñó una extensa labor docente, después de residir en Canadá y Holanda. Realizó además poesía visual y tuvo un destacado quehacer en las artes plásticas, llevando a cabo exposiciones individuales en Chile, Canadá, Estados Unidos, Suecia y Holanda. Durante su permanencia en Canadá fundó la editorial Cordillera y dirigió en Chile la revista de poesía "El Espíritu del Valle". Ganó galardones destacados, tales como el Premio Pedro de Oña (1968), el premio de la fundación Pablo Neruda (1987) y en el 2006 se hizo acreedor de uno de los premios Altazor por su libro "Autorretrato de memoria". Fue también traductor del inglés, francés y neerlandés.

Obra: Relación personal (1968). La Ciudad (1979, 1994, 2007). Vida (1984). Seudónimos de la muerte (1984). Virus (1987).Dragón que se muerde la cola (1987). Cinco poemas eróticos (1990). Strange houses (1991). Trece lunas (1997). Claroscuro (2002). Autorretrato de memoria (2005).Veneno de escorpión azul. Diario de Vida y de Muerte. (2007)

ni la húmeda intimidad de tus párpados aromáticos como el hinojo
ni la violencia de tu cuerpo resistiéndose entre las sábanas
ni lo que viene hacia mí como tu vida
tendrá tanta menuda piedad de mí

como verte durmiendo
tal vez a veces te veo
por primera vez
tú con tu pecho de guayaba y uva

tus manos frías como cucharas
tus grandes penas altivas manchan de azul cada parte

nos soportaremos uno a otro
incluso si el sol abraza los techos
incluso si el estado cocina lugares comunes
llenaremos nuestros corazones de color
y nuestras trifulcas de pinzones

incluso si mis ojos ascienden hasta el horizonte
incluso si la luna viene con la espalda desnuda
incluso si las montañas forman una conspiración contra la noche
persistiremos cada cual
a veces te veo por primera vez.

Antjie Krog Kroonstad©

Poemas traducidos por Nicolás Suescún

Nació en Orange Free State, Sudáfrica, en 1952. Poeta, filósofa, periodista, profesora, conferenciante y editora. Activa luchadora contra el Apartheid. Es una de las poetas surafricanas más leídas dentro y fuera de su país. El afrikaans es su lengua de creación literaria. Entre sus libros de poesía se cuentan: Dogter van Jefta, 1970; Januarie Suite, 1972; Mannin, 1974; Beminde Antarktika, 1974; Otter in Bronslaai, 1981; Jerusalemgangers, 1985; Mankepank en ander Monsters, 1989; Lady Anne, 1989; Voëls van anderster vere, 1992; Gedigte, 1989-1995; Down to my Last Skin, 2000; Kleur kom nooit alleen nie, 2000; Met woorde soos met kerse, 2002. Novelas: Account of a Morder, 1997; Lang Pad na Vryheid, 2000.

A mí me dicen ilusa
y es cierto…
y lo cierto es mejor no negarlo.
A mí me dicen poeta,
caminante entre los sueños.
Me dicen tantas cosas,
que a veces creo que es verdad.

Pero en el fondo me aman…
soy como ese mar que regresa,
que nunca huye.
Soy una princesa,
un alma fugitiva de las almas clandestinas.
A mí me dicen que soy como mi padre,
que guardo su fachada en cada esfera,|
que soy la espuma de sus ojos

esos ojos que son sabios,
                                 retumbantes compañeros

A mí me dicen muchas cosas
a veces las creo…

Paola Valverde Alier©

 

Costa Rica, 1984. Tres libros inéditos: Princesa, fabricada por abejas y La quinta esquina del cuadrilátero. Creadora del sueño “Rayuela Bar y Restaurante” en conjunto con Dennis Ávila. Gestora cultural, dictó cuatro años un taller de poesía en la cárcel La Reforma. Actualmente coordina junto con Norberto Salinas el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica.

No sé cómo se llama
esa niña pequeña,
ni qué nombre tendrá.
Mantantirulirulá.

Cómo se llamará
esa niña pequeña,
y qué nombre le pondremos.
Mantantirulirulá.

Va descalza
sobre el asfalto.
Va, helada,
de un auto a otro,
en el cruce de semáforos.
Mantantirulirulá.

¿Le pondremos
dolor, amargura,
sufrimiento, rencor?
¿Le pondremos injusticia,
impotencia, resignación?

Ese nombre no me agrada.
Mantantirulirulá.
¿Y qué nombre le pondremos,
mantantirulirulá…

a la niña pequeña,
a la niña descalza,
a la niña solitaria,
hambrienta y cansada,
que de un auto a otro va,
en el cruce de semáforos,
mantantirulirulá?

Yetty Blum©

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