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La limpieza expone a efectos públicos
esa intimidad tan custodiada.
El sol elige el centro de la bandera
la convierte en zona de combate;
las golondrinas hacen sus primaveras
y los gorriones el resto de los solsticios.
Vientos de paso silban los broches,
les cierran las bocas.
Entre las guerras de pañuelos
pierden los del luto en los orillos,
los lloros de los mayores con lágrimas,
con mocos inconsolables a secarse.
Parado en un extremo
atado al alambre cubro las estaciones,
los fantasmas disfrazados con sábanas
exaltan la pasión escéptica de los domesticados.
En la otra punta un poste
me deja hacer
y no se cae de asombro.

Luis Luchi©

Hijo de inmigrantes judíos ucranianos, LUIS LUCHI (seudónimo de Luis Yanischevsky Lerer), nació en Buenos Aires el 11 de octubre de 1921.
Militó activamente en la Federación Juvenil Comunista y luego en el Partido Comunista, pero tras ciertas desilusiones se acercó paulatinamente al anarquismo, sin renegar nunca del marxismo. En 1944 se casó con Irene Lavalle y tuvieron tres hijos (Aníbal, Esteban y Luis). Trabajó como obrero gráfico y como vendedor viajante de libros, lo que le permitió recorrer buena parte de la Argentina. El oficio asumido era, sin embargo, el de poeta: “yo escribo versitos”, solía decir con humilde ironía. A principios de la década del 60 participó en el grupo de cuentistas El Matadero, ligado estéticamente al grupo de Boedo (publica en 1961 su cuento “El brasilerito” en la antología Cuentistas argentinos contemporáneos). A finales de esa década fundó junto con el poeta Roberto Santoro, el músico Eduardo Rovira y el artista plástico Pedro Gaeta el Grupo Gente de Buenos Aires, cuyo objetivo era, por un lado, acercar el arte a los barrios organizando actividades culturales en escuelas, clubes y sociedades de fomento y, por otro, llevar adelante una labor editorial muy importante, con ediciones artesanales de libros, carpetas y discos, muy prolijas y de bajo costo. En 1976 tuvo que exiliarse con su mujer en Barcelona, adonde ella murió en 1990. Años más tarde conoció en esta ciudad a Rosa Katz, su segunda compañera. Luchi murió en la capital catalana el 21 de octubre de 2000.
En la Argentina publicó los siguientes libros: El obelisco y otros poemas (1959). Recientemente reeditado por “Eloisa Cartonera”.El ocio creador (1960). Poemas de las calles transversales (1964). La vida en serio (1964). Vida de poeta (1966 y 2003). El muerto que habla. 48 penúltimos poemas – Poemas cortos de genio (1970). Ave de paso (1973). Los rostros (1973). Poemas 1946-1955 (1975). La pasión sin Mateo (1976). Antología poética (1986. Selección y prólogo de Eduardo Romano).- Fuera del margen (1992). Jardín Zoológico (1995). Amores y poemas en Parque Chas (2001). Paseo por la capital de Luis Luchi (antología, 2003. Selección y prólogo: Lilian Garrido. Epílogo: Alberto Szpunberg).
Y dos discos:
Tango de música a lo lejos (1966. Poemas y voz: Luis Luchi. Música e intérprete: Eduardo Rovira. Ilustración de tapa: Pedro Gaeta). Antología por mí (1969. Larga duración. Poemas y voz: Luis Luchi).
En España publicó los siguientes libros:
¡Gracias, Gutenberg! (1980).  Resumen del futuro (1984). Mishiadura en las dos ciudades (1993). Contestarse a sí mismo en el canto (1997). Poemas y pinturas (1999. Poemas de Luis Luchi y pinturas de Miguel “Kinoto” Ratto).
Además, el disco/cassette: A medio hacer todavía (1982. Larga duración. Música de Jorge Sarraute. Poemas y voz de Alberto Szpunberg y Luis Luchi). Y el compact disc: Todos se dan vuelta y miran. Poetas argentinos en BCN. (1999. Poemas y voces: Susana Drangosch, Andrés Ehrenhaus, Jonio González, Luis Luchi, Alberto Szpunberg. Música: Jorge Sarraute. Poemas musicalizados interpretados por el grupo Vox Populi).

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Apoyo un lápiz en el vacío.

Una miríada de nombres
se pierde
en el acto trivial de elegir
una frase
una palabra
la letra.

Como el tranvía de Gaudí
los trenes sembrarán
vidas inconclusas.

No nos queda
sino esperar.

Edith Goel©

Nacida en Argentina (1952). Es profesora de lengua y literatura española, ilustradora, artista plástica y traductora del hebreo al castellano, y ha obtenido varios premios literarios como: Lucila Palacios (Venezuela), Cosquín (Argentina), Bartolomé Mitre (Argentina), Revista de los Poetas (Argentina), Voces Nuevas (Torremozas, España), Ocho Venado 2001 (México). Web: La Blinda y Niedernegasse. Sus textos han aparecido en antologías y en páginas literarias de Internet, y han sido traducidos a varios idiomas. Presidió la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana. Reside en Rishón LetZíon, Israel.

Cruzando los salitrales
uno se muere de sed.
Aquello es puro desierto
Y allí no hay nada que hacer.
Trabajo, quiero trabajo
Porque esto no puede ser
Un día veré al desierto
Convertido en un vergel.

El río es puro paisaje,
Lejos sus aguas se van,
Pero mis campos se queman
Sin acequias ni canal.
Trabajo, quiero trabajo,
Porque esto no puede ser,
Un día veré a mi campo
Convertido en un vergel.

Las entrañas de la tierra
Va el minero á revolver.
Saca tesoros ajenos
Y muere de hambre después.

Trabajo, quiero trabajo
Porque esto no puede ser.
No quiero que nadie pase
Las penas que yo pasé.

Despacito, paisanito,
Despacito y tenga fe,
Que en la noche del minero
Ya comienza á amanecer.

Trabajo, quiero trabajo,
Porque esto no puede ser.

Atahualpa Yupanqui

Héctor Roberto Chavero, nació en Pergamino (Prov. Buenos Aires) el 22 de enero de 1908. Cantor, guitarrista, poeta, compositor, recopilador. Hizo sus primeros estudios musicales con el Padre Rosáenz. Más tarde aprendió guitarra en Junín (Prov. Buenos Aires) con Bautista Almirón. En 1918 su familia se trasladó a Tucumán. En 1923 murió su padre, por lo que tornó a radicarse con los suyos en Junín. En 1926 escribió Camino del indio. Emprendió un viaje a Jujuy, Bolivia y los Valles Calchaquíes. En 1931 recorrió Entre Ríos, afincándose un tiempo en Tala. Participó en la fracasada sublevación de los hermanos Kennedy, por lo que debió exiliarse en Uruguay. Pasó por Montevideo, para luego dirigirse al interior oriental y el sur del Brasil. En 1934 reingresó a la Argentina por Entre Ríos y se radicó en Rosario (Prov. Santa Fe). En 1935 se estableció en Raco (Prov. Tucumán) Pasó brevemente por la ciudad de Buenos Aires -donde diversos intérpretes comenzaban a popularizar sus canciones- para actuar en radio. Recorrió después Santiago del Estero, para retornar por unos meses a Raco en 1936. Realizó una incursión por Catamarca, Salta y Jujuy. Más tarde visitó nuevamente el Altiplano en busca de testimonios de las viejas culturas aborígenes. Retornó a los Valles Calchaquíes, recorrió a lomo de mula los senderos jujeños y residió por un tiempo en Cochangasta (Prov. La Rioja). A principios de la década del ’40, en Tucumán se casó con María Martínez, pero el matrimonio fracasó. Poco después conoció en Córdoba a Paule Pepin Fitzpatrick, "Nenette", quien sería su definitiva compañera y colaboradora musical con el seudónimo "Pablo Del Cerro". Algo más tarde se editó "Piedra sola", su primer libro. En 1944, durante otra incursión por las provincias del noroeste creó El arriero. A poco debió abandonar Raco, episodio que dio origen a sus sentidas zambas Adiós Tucumán y La añera (1946). Enfrentado al régimen militar triunfante, desde 1946 a 1949, sufrió persecuciones, proscripción y cárcel. En 1950 pasó a Uruguay y desde allí a Europa. En París, Edith Piaf le dio la oportunidad de compartir el escenario, debutando en junio de ese año. A partir de allí, realizó varias giras por el Viejo Continente. Regresó a Buenos Aires en 1952. A causa de sus críticas fue expulsado del Partido Comunista, lo que le facilitó el reingreso a las radios, pero le valió las críticas de propios y extraños, que no sabían dónde encasillarlo. Así en 1956, derrocado el peronismo, también fue perseguido por los militares antiperonistas. Pasó unos años alternando entre sus residencias de Buenos Aires y de Cerros Colorados (Prov. de Córdoba), hasta que en 1963/64 emprendió una serie de viajes a Colombia, Japón, Marruecos, Egipto, Israel e Italia. En 1965 se editó el disco El payador perseguido. Durante 1967 recorrió en giras toda España, para luego instalarse casi definitivamente en París con periódicos regresos a la Argentina que, con el advenimiento en 1976 de la dictadura militar, se hicieron menos frecuentes. Recién en 1979 volvió a presentarse en su país. Sus actuaciones en Europa comenzaron a espaciarse a causa de algunos trastornos de salud. En 1986 Francia lo condecoró como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En 1987 volvió al país para recibir el homenaje de la Universidad de Tucumán. Debió internarse en Buenos Aires en 1989 para superar una dolencia cardíaca, pese a lo cual en enero de 1990 participó en el Festival de Cosquín. En noviembre de ese año murió Nenette. Sin embargo, a los pocos días Yupanqui cumplió un compromiso artístico en París. Volvió a Francia en 1992 para actuar en Nimes pero se indispuso y allí murió el 23 de mayo. Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y descansan en Cerros Colorados. Dejó innumerables obras para el cancionero argentino de raíz folklórica. Como escritor, publicó Piedra sola (1940), Aires indios (1943), Cerro Bayo (1953), Guitarra (1960), El canto del viento (1965), El payador perseguido (1972) y La Capataza, (1992).

La limpieza expone a efectos públicos
esa intimidad tan custodiada.
El sol elige el centro de la bandera
la convierte en zona de combate;
las golondrinas hacen sus primaveras
y los gorriones el resto de los solsticios.
Vientos de paso silban los broches,
les cierran las bocas.
Entre las guerras de pañuelos
pierden los del luto en los orillos,
los lloros de los mayores con lágrimas,
con mocos inconsolables a secarse.
Parado en un extremo
atado al alambre cubro las estaciones,
los fantasmas disfrazados con sábanas
exaltan la pasión escéptica de los domesticados.
En la otra punta un poste
me deja hacer
y no se cae de asombro.

Luis Luchi©

Luis Yanischevsky Lerer conocido por su pseudónimo literario como Luis Luchi nació el 11 de octubre de 1921 en el barrio de Villa Crespo de Buenos Aires, Argentina, hijo de Gregorio Yanischevsky y Paulina Lerer, inmigrantes judíos ucranianos. Hacia 1926, su familia se muda a Parque Chas. En 1944, Luis Luchi se casa con Irene Lavalle, con quien tiene tres hijos. Militó activamente en el Partido Comunista, sin embargo, a través de los años habría de acercarse al anarquismo. Trabajó como obrero gráfico en editorial Atlántida y como vendedor viajante de libros, sin embargo, después decide dedicarse a la poesía, manteniéndose al margen de la cultura oficial. En la década de 1960 participa en el grupo "El Matadero", grupo de cuentistas cuyo nombre rendía homenaje al relato homónimo de Esteban Echeverría. El grupo se reunía en el café El Estaño, ubicado en las calles de Talcahuano y Corrientes, al que habían renombrado "El Gardelito" y estaba integrado por Guillermo Cantore, Blas Raúl Gallo, Nenina Caro, Mario Lesing, Arminda Ralesky y Lubranolas, entre otros, quienes se proponían publicar a jóvenes con sentido popular. Luis Luchi sólo habría de publicar su cuento El Brasilerito en 1961 en la antología Cuentistas argentinos contemporáneos editada por El Matadero. A finales de la década y principios de la siguiente, Luis Luchi forma el grupo "Gente de Buenos Aires", junto con el poeta Roberto Jorge Santoro, el actor Héctor Alterio, el músico Eduardo Rovira y el artista plástico Pedro Gaeta con el objeto de acercar la cultura al público presentándose en clubes de barrio, sociedades de fomento y escuelas. Luis Luchi, profundo admirador de César Vallejo y Vladimir Mayakovsky recurre a la ciudad, el barrio, el tango y las luchas sociales como temas de su obra, siempre marcada por el humor y la ironía. Luis Luchi muere el 21 de octubre de 2000 en Barcelona, España.

Habré de inventarme una puteada esdrújula
para arrojarla contra la vidriera del mundo
y contársela después a Cendrás y a Rimbaud
que tan mierdamente vivieron como yo

Habré de entender algún día que esto no tiene remedio
que uno pudo nacer pez espada ejecutivo delator
tener una religión prestada carecer del ojo izquierdo
y vivir esperando que mongo me cite en el Ecuador

Habré de cagarme ordenadamente en los gerentes bancarios
y sentado sobre la piedra de un tiempo que se televisa
escupiré sobre el rostroculo de mi vecino este rencor

Claro que habré de inventarme una puteada esdrújula
porque yo me he desentendido de un dios
que permitió que César Vallejo se muriera de hambre
la tarde de un día gris que contabilizaba sus piojos
Habré de inventarme una puteada esdrújula

Usted dese por invitado

                                  Se lo merece

Julián Centeya©

 

Amleto Vergiatti mas conocido como Julián Centeya. Había nacido en Italia, allá por 1910, en el pueblo de Borgotaro, en la provincia de Parma, la última ciudad -recordaba él- que se rindió al fascismo. Mi viejo -recuerda Julián- Carlos Vergiatti, era periodista; trabajaba en el diario socialista "Avanti", del cual era jefe de redacción Benito Mussolini, quien andaba en amores con una rusa Angélica Balavanof.
Después de la marcha sobre Roma, 1920, la represión se descargó sobre la izquierda en Italia y el exilio se ofreció como única posibilidad de subsistir. Mi viejo tuvo que venirse como refugiado político con mi vieja, mis dos hermanas, yo y un perro que llamábamos Pri Pri. Y al mentar a su viejo, Julián se amasija en el recuerdo, como reclamando la posibilidad de volver a verlo, siquiera un minuto, como antes.
Con el tano laburante y su familia llegó a la Argentina en 1922,cuando tenía 12 años. Primero intentaron suerte en San Francisco (Córdoba) donde el viejo "paraba la olla" trabajando la madera, enfrentando las dificultades siempre con alegría, con optimismo, pero, la miseria los cerca y los atrapa.
Ya no había lugar en la Argentina agraria para estos inmigrantes "de última" y bien pronto debieron instalarse en el conventillo de Buenos Aires, detrás de cuyo pintoresquismo – el patio con malvones, el farol alumbrando la milonga – escondían sus terribles rostros, la tuberculosis, la promiscuidad, el hambre.
Frustrado estudiante secundario, mandadero de comercio, jugador de fútbol, taquígrafo y mas que nada vagabundo, experto en el oficio de no hacer nada para encender los primeros versos. Por entonces se hace hombre y poeta en el Boedo de fines de la década del 20.
Un Boedo que enarbolaba una literatura molesta para los escritores bien comidos, para la gente sensata de las cátedras de Literatura, los editoriales y los diarios serios. A Julián, como a tantos otros, le salió al cruce la estructura cultural montada por la clase dominante.
El quería hablar del punga, del cafiolo, de la piba que lo encandiló (no morfo más que el pan de su sonrisa), de los chorros y los laburantes, dela musa mistonga y la musa de barro. No lo dejaron.
Quiso volar como poeta, y lo bajaron enseguida, arrinconándolo en una radio, en un diario, donde el alma se le iba a jirones y donde solo de vez en cuando podía enarbolar un verso.
Publicó, sin embargo, varios libros de poemas y una novela El Vaciadero. Pero lo mejor de él se desperdició en las charlas interminables de la madrugada,por eso fue desparejo como poeta. Por eso le faltó continuidad. Cómo la iba a tener luchando con las cédulas judiciales de desalojo, contra la guita que no alcanza. De ahí su desilusión y el alcohol, la amargura y ese himno a la frustración y al escepticismo que tituló como despedida con el nombre lunfardo de la muerte.
Con estos versos pareció que bajaba definitivamente los brazos, derrotado por quienes odian a los gorriones, a los juglares, a los barrios de casitas chatas. Sin embargo, la bronca pudo más y empinándose sobre ella levantó un último insulto para quienes le envenenaron la vida y aún también para aquellos que por miedo o indiferencia resultaron cómplices
Amleto Vergiatti. Para el pueblo: Julián Centeya "el hombre gris de Buenos Aires".

Los tiempos nuevos se están viniendo encima
sin dar lugar al miedo, a la nostalgia
se están viniendo encima
a entibiar tanta piel abandonada
tanto aburrirse del fracaso.

Los tiempos nuevos tienen los ojos claros
y sueñan despacito porque saben que los sueños
a veces se derrumban sin que se entienda como,

Los tiempos nuevos tienen tu nombre
y se te enredan en el pelo buscando un no sé qué
y descansan en tus manos, y preguntan
por qué razón se estuvo solo tanto tiempo,
Los tiempos nuevos llegan sencillitos a buscarte
te reclaman imperiosos, se descuelgan
desde el museo de los fracasos
para gritar presente a la hora de la vida
a la hora del amor
a la hora de la construcción
a cada hora vestida de tiempo nuevo.

Surgen desde la tumba de los besos
brotan de lo que se creyó la nada
cantan desde las palabras nunca oídas
y te besan despacio entre los dedos.

Porque este tiempo nuevo es el tiempo de siempre
porque el amor ya estaba inventado
pero en mi fe y mi corazón son nuevos
pero en la ternura con que te recibo
y sin tu frágil seguridad de hembra querida
son nuevos.

Porque todo se renueva en el momento
en que se queman las naves
la amada seguridad
para querer de nuevo, sin temores.

Jorge Luis López Aguilar©

Argentino, nacido en 1950. Poeta y periodista

“Combatid por Dios contra quienes combaten contra vosotros, pero no os excedáis.
Dios no ama a los que se exceden”. Corán 2,190

Puede ser la última guerra.
Testigos ante la nada
los mares inservibles
y la tierra yerma.
El desierto puede avanzar
si un solo dedo
pulsara una tecla de plástico.

Desde los lugares más lejanos
acudieron al llamado del profeta.
Mahoma pudo unir a esas tribus
que ansiaban a la vez sangre y esperanza.

El Islam floreció como una niña
en la pubertad.
El occidente admiraba sus telas
su ciencia y sus palacios.

Una voz luminosa
llamaba a la oración desde lo alto de la mezquita
y hablaba de amor y de Alá.

Tantos siglos han pasado.
Quién es éste que ha proclamado
que la felicidad está en la muerte
y envía a destruir desde los cielos.
Quién ha hundido a sus hermanos
en el hambre y la guerra
y goza del oro dorado y negro
mientras las adormideras
le brindan su jugo.
Quién puede esparcir
esos invisibles seres inmundos
que matan lentamente.

Olga Edith Romero©

Nació en La Plata el 4 de octubre de 1949 y vive actualmente en City Bell (Argentina). Docente. Periodista de investigación en la UNLP desde el 2000 hasta el 2003. Master en Periodismo y Comunicación Social. Obras publicadas: "Colores de sol y lluvia" (Editorial Plus Ultra, 1986); "Cuentos de Azúcar y limón" (Editorial Plus Ultra, 1996. Faja de Honor de la SEP (’96/’97) y Faja de Honor de la SADE (’96/’97); "Apenas Travesía" (Poesía. Libros de Sudestada, 2001. Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, 2001); “City Bell y su gente. Desde una mirada distinta” (Investigación periodística. Municipalidad de La Plata, 2003); “El homicidio policial” (Artículo de investigación con otros autores en el Proyecto de Investigación “Los derechos humanos y la prensa gráfica argentina desde 1976 al 2001”. Anuario de Investigaciones 2002. Periodismo y Comunicación Social. UNLP. La Plata, abril 2003); “El desierto es un grano de arena” (Ediciones Último Reino, 2004. Libro destacado del año por el concurso internacional Honorarte 2005. Premio “Benito Lynch” 2005). También ha participado en numerosas antologías: “Casi un canto”. Antología publicada por el Ministerio de Educación de la Provincia Buenos Aires. Dirección de Educación Inicial. La Plata, 1990. “Sudestada”. Cuaderno compartido, Ediciones Sudestada. La Plata,1995. "Poesía Argentina de Fin de Siglo". Antología, Editorial Vinciguerra. Buenos Aires, 1996. "Veinte Voces de Buenos Aires". Antología de poesía, Libros del Zahir. Buenos Aires, 1998. "POESIA. 36 autores". Antología, La Comuna Ediciones. La Plata, 1998. "CHICOS. Literatura Infantil. 14 autores". Antología de cuentos y poesías, La Comuna Ediciones. La Plata, 2000. “Escritores al fin del milenio”. Antología de cuentos y poesías, Sociedad Argentina De Escritores. Municipalidad de La Plata,2000. Hojas de Sudestada: 3 (1984), 60 (1986), 70 (1986), 94 (1988), 133 (1990), 280 (2000) 285 (2000). Cuadernillo N° 25 (1992). “Alhucema. Literatura”, Revista de Teatro y Literatura N° 10. Página 38. Granada, España. Julio 2003
“Legado de poetas. Poesía Social Argentina 1956 – 2006”. Buenos Aires. Marzo 2007.

Sin un céntimo, tal como vino al mundo,
murió al fin, en la plaza, frente a la inquieta feria.
Velaron el cadáver del dulce vagabundo
dos musas, las esperanza y la miseria.

Fue un poeta completo de su vida y de su obra.
Escribió versos casi celestes, casi mágicos,
de invención verdadera,
y como hombre de su tiempo que era,
también ardientes cantos y poemas civiles
de esquinas y banderas.

Algunos, los más viejos, lo negaron de entrada.
Algunos, los más jóvenes, lo negaron después.
Hoy irán a su entierro cuatro buenos amigos,
los parroquianos del café,
los artistas del circo ambulante,
unos cuantos obreros,
un antiguo editor,
una hermosa mujer,
y mañana, mañana,
florecerá la tierra que caiga sobre él.

Deja muy pocas cosas, libros, un Heine, un Whitman,
un Quevedo, un Darío, un Rimbaud, un Baudelaire,
un Schiller, un Bertrand, un Bécquer, un Machado,
versos de un ser querido que se fue antes que él,
muchas cuentas impagas, un mapa, una veleta
y una antigua fragata dentro de una botella.

Los que le vieron dicen que murió como un niño.
Para él fue la muerte como el último asombro.
Tenía una estrella muerta sobre el pecho vencido,
y un pájaro en el hombro.

Raúl González Tuñón©

Nació en Buenos Aires el 29 de marzo de1905, y murió en la misma ciudad el 14 de agosto de 1974.
Fue uno de los más importantes poetas argentinos del siglo XX. "Amigo de las gentes, de las mujeres amantes y del vino, una suerte de François Villon criollo, cantor de las tabernas, las grandes fiestas y duelos e insurrecciones populares", según lo definió Pedro Orgambide.
En 1922 publica sus primeros poemas en las revistas Caras y Caretas e Inicial. En 1923 participa en la redacción de Proa, la revista que dirige Ricardo Güiraldes, y colabora en el periódico Martín Fierro. Viaja por el interior del país y en 1929 por primera vez a Europa. Dos años después a Brasil, y en 1932 al Chaco paraguayo, en el avión del diario Crítica, como corresponsal de guerra. Vuela a la Patagonia y se instala en Río Gallegos. En 1933 funda la revista Contra. Lo detienen y procesan por ¨incitación a la rebelión¨. En 1934 viaja a España y se radica en Madrid, donde traba amistad con García Lorca, Neruda y Miguel Hernández. En 1935 vuela a Buenos Aires y dos años más tarde está otra vez en España, durante la defensa de Madrid. Vive en Chile. Viaja por Europa, va a la Unión Soviética y a China.
Con El violín del diablo (1926) y Miércoles de ceniza (1928) trae Tuñón a la poesía argentina el desenfado y la picardía de los muchachos de los puertos, de los vagos y mal entretenidos que deambulaban por el viejo Paseo de Julio. Es un reconocimiento apasionado no sólo de la gente sino de los escenarios poco prestigiosos de la ciudad durante los años ’20. Es en el puerto, en los suburbios, en el conventillo que encuentra los motivos de sus poemas. Todo es motivo de canto para el poeta que, por encargo de su novia, escribe Poema para la Virgencita del Teatro Cervantes. En este primer período, la poesía de Tuñón une a lo descriptivo la imagen insólita, la pirueta, un pase de prestidigitador. En otros poemas, El séptimo cielo, por ejemplo, utiliza la palabra en función de onomatopeya, de dibujo verbal. Es lo que se advierte también en Poema de la Cenicienta Ciudadana, donde los nombres ingleses de los artistas de cine o de su máquina de escribir, sirven de rima y música interna al poema.

En La Calle del Agujero en la Media (1930) el verso libre, de amplio período, suplanta la cadenciosa, rítmica primera manera del poeta. Ahora, el discurso poético se distiende, se abre para incorporar lo sensorial en infinitos detalles, para registrar pequeñas anécdotas que tienen la brevedad de una instantánea. Este cambio de lenguaje corresponde al cambio de escenario: ya no es Buenos Aires sino París. Como constante, queda su observación de lo cotidiano, su mirar en las vidrieras y en los ojos fraternales: los de un saxofonista, los de un vendedor de globos, los de las chicas del music-hall, los de Blanca Luz que está lejos, los del organista de la iglesia de San Suplicio.
En El otro lado de la Estrella y Todos bailan, poemas de Juancito Caminador, ambos publicados en 1934, Raúl González Tuñón continúa esta segunda manera de su poesía: el verso amplio que llega fundirse con la prosa. De ese tiempo es la serie de Blues y su memorable poema "Lluvia", dedicado a Amparo Mom. Seguro de su oficio, canta ahora no sólo al amor y la vida vagabunda, sino a los hombres dispuestos a una actitud de solidaridad y al combate. Su registro de los años ’30: el clima de preguerra europeo, el apogeo del jazz, los gangsters de EE.UU. ("Los Seis Hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo") preparan ya el advenimiento de la poesía política de González Tuñón.

"Fue el primero que blindó la rosa", dijo Pablo Neruda. En 1936 aparece La rosa blindada. Puede señalarse este momento como el del tercer período poético de González Tuñón. En él se integran y se complementan sus dos maneras anteriores. Fiel al recuerdo de su abuelo Manuel Tuñón (obrero nacido en Mieres que lleva a su nieto a una manifestación socialista), fiel también a la poesía española, a los romances y coplas populares, González Tuñón enriquece la suya tanto en su tema como en su lenguaje. "La Libertaria", "El Tren Blindado de Mieres", "La Copla al Servicio de la Revolución", "Cuidado, que viene el Tercio", "La muerte Derramada", "El Pequeño Cementerio Fusilado" son algunos poemas de aquel tiempo, en los que, a partir de un tema heroico, la poesía se expresa tanto en verso rimado como en largos períodos de verso libre y prosa. En Las puertas de fuego (1923) y La Muerte en Madrid (1939) el mismo tema y procedimiento se reiteran con acierto.
No ocurrió lo mismo en parte de su producción posterior, donde a veces lo contingente, lo aleatorio, el compromiso de circunstancia, restó fuerza a su poesía. No obstante, se advierte en sus últimos poemas un feliz regreso a sus orígenes, al poeta vagabundo, a su admirable Juancito Caminador, aquel que dijo: "Traigo la palabra y el sueño, la realidad y el juego de lo inconsciente, lo cual quiere decir que yo trabajo con toda la realidad."
Además de su labor poética, Raúl González Tuñón escribió varias obras de teatro: El descosido, La cueva caliente y, en colaboración con el poeta Nicolás Olivari, Dan tres vueltas y se van.

"No se recuerdan los días,
se recuerdan los instantes"
Cesare Pavese

Hizo a la mar
su luz
la barcarola,
y estremeció mis huesos
el goce de la tierra,
encrespando la sangre
como un gran maremoto
de fuego y cascabeles.

Desde entonces
llamaron tus manos
en mi puerta,
como una exaltación,
un exorcismo,
una bandada de dudas
migratorias,
un oscilar del amor
al invierno.

Fueron de estío
mis horas más calladas,
mis públicos olvidos,
y Afrodita era apenas
una estatua en el parque,
cuando a mí no acudían
tu cuerpo y tu destino.


Queda claro,
vivir es simplemente
una razón,
y un laberinto,
cárcel de minotauros,
arena calcinante
precipitando pasos,
oasis transparente
al filo del abismo.

El color es un modo
de transponer la noche,
y la piel un supremo
bálsamo del delirio,
una impronta de estelas,
un clamor metafísico.

Las malas horas traman
petrificar la pena.

Y mi júbilo duerme
inmutable en la hierba.

Sergio Manganelli©

Nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina,el 28 de febrero de 1967. Reside actualmente en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense. Sus poemas y artículos han sido publicados en una importante cantidad de diarios argentinos, de México, Colombia y España. Asimismo en revistas culturales y literarias de Argentina, Brasil, España, México, Estados Unidos, Puerto Rico, Francia, Colombia, Venezuela, Chile, Cuba, etc… Obtuvo entre 1991 y 1999 una treintena de premios y menciones en su país. Se encuentra trabajando en la edición de “Sangre de Toro” -poemas y banderillas-, que se editará inicialmente en Buenos Aires y posteriormente en España.

No es el amor, lo sé, pero es de noche
y yo estoy sola, frente al mar que espera
con las uñas viscosas de sus algas
y el sello de la sal sobre sus piedras:
sin cesar, desde el agua y las espumas
mil ramajes de brazos me recuerdan
que aguardan todavía
tendiéndome su ausencia.
Las mismas olas que devoran barcos,
que van hundiendo mástiles y velas,
tiran siempre de mí
salvajemente
ceñidas, enroscadas, como cuerdas.

No es el amor, lo sé, pero qué importa:
tiene su mismo rostro hecho de niebla
y su temblor febril y su acechanza,
tiene sus manos blandas que se aferran
con dura precisión.
Tiene su misma insólita presencia
con el prestigio de un fulgor pasado
y la futura soledad que empieza.
Tiene sin duda del amor la insidia
y el desgajado abandonar reservas
hasta quedar desnudo
como un árbol reseco.
Tiene el rondar la sangre
como un fantasma hambriento
sobre la inaccesible piel del mundo,
lamiendo inútilmente su corteza,
desesperado, ávido,
con la exacta impaciencia
del querer, del después,
del otoño y la espera.
Y aquel recomenzar desde la bruma
que es su signo quizá.
Y su señal más cierta.

No sé cuándo ha llegado:
es como un viejo amigo que regresa
con el rostro cambiado por los viajes,
las fiebres, el alcohol, las peripecias.
Reconozco sus rasgos,
su voz que ha enronquecido, pero es ésta,
su antigua voz que dice otras palabras
semejantes a aquéllas.
No es el amor, lo sé, y sin embargo
es su paso otra vez, y las caricias
recobran los caminos sin urgencia.
No hay palabras, y puedo estar callada:
todo es tan simple así, tan sin sorpresa
y es tan fácil estar, tan necesario.
No es el amor, tal vez. ¿Y si lo fuera?

Julia Prilutzky Farny©

 

Nació en Ucrania y se radicó en Argentina a muy temprana edad, adoptándola como su propia patria, como ha sabido demostrarlo a lo largo de su extensa obra poética.
Es una de las más caracterizadas representantes de la generación poética argentina del ’40.
Fundó la revista cultural "Vértice" y en 1941 recibió el Premio Municipal de Poesía por su libro "Intervalo".
En su obra predomina —casi en exclusividad—, el tema del amor, plasmado por los más profundos sentimientos y en imágenes de sutil belleza y originalidad, desde su poemario inicial hasta el último de sus libros.
Su bibliografía en verso data de los siguientes títulos: "Viajes sin partida" (1939), "Intervalo" (1940), "Sonetos" (1942), "Comarcas" (1949), "Patria" (1949), "Canción para las madres de mi tierra" (1950), "El escudo" (1954), "Este sabor de lágrimas" (1954), "Obra poética" (1959), "Hombre oscuro" (1963), "Quinquela Martín" (1974) y "Antología del amor" (1975), que llegó a vender, sólo en Argentina, más de 100.000 ejemplares.
Su libro "El escudo" recoge poemas sobre Juan Domingo Perón y Eva Perón e incluye el poema "Oración", que fue leído el 26 de julio de 1954 en un acto público masivo que se realizó en la avenida 9 de Julio, en Buenos Aires.
Su marcado dominio del soneto se hace presente en la presente página, en la que se han incluido cuatro de ellos, seleccionados de algunos de sus mejores libros.

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