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Me sigue asombrando ese misterio que pone ante mis ojos las líneas de un poema. Poema que ha brotado después de tensa espera. Bien es cierto que algo, no sabemos el qué, lo presagiaba. Más tarde, procediendo dudoso y "por tanteo", se me ha ido desvelando.

Álvaro Valverde©

 

Poeta español nacido en Plasencia en 1959. Fue director  durante ocho años del Aula de Literatura José Antonio Gabriel y Galán junto al novelista  Gonzalo Hidalgo Bayal, Actualmente dirige la Editora Regional de Extremadura.
Ha recibido los premios Ciudad de Badajoz  en 1984, Loewe en 1991, el Ciudad de Córdoba en 1993 y fue finalista en el  Premio Café Gijón, Tigre Juan y Premio Extremadura a la Creación por su primera novela «Las murallas
del mundo» en el año 2001. Su última novela, « Alguien que no existe»  fue editada en 2005 por Seix Barral. De su obra poética se destacan: «Territorio» 1985, «Las aguas detenidas» 1989, «Una oculta razón» 1991, «A debida distancia» 1993, «Ensayando círculos» 1995, «El reino oscuro» 1999 y «Mecánica terrestre» 2002.

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Si pudiera decirte tan sólo que las palabras
hacen daño y que tarde o temprano
se olvidan, no te lo diría.

Si supiera quererte como se ama
a quien no se tiene o está lejos,
te rogaría que me olvidaras.

Si hubiera una palabra más alta que la otra
donde decirte que las palabras
son como los hechos, te lo diría.

Pero dónde, dónde puedo encontrar
lo que nadie busca y existe,
si en nada ni en nadie creo.

Kepa Murúa©

 

(Zarautz, País Vasco, 1962) es un poeta anómalo: independiente, clásico y vanguardista, lírico y comprometido con la realidad. Autor de, entre otros, Cavando la tierra con tus sueños o Un lugar por nosotros, recientemente ha publicado el libro de aforismos poéticos La poesía y tú. Dirige la editorial Bassarai y la revista virtual Luke. J. Lezama ha dicho de su obra: "Poesía como un camino al conocimiento, que no reniega del lector, que lo atrapa con sus gestos, y lo sorprende con el tono y los matices que muestra y oculta a su vez a la hora de describir los sentimientos de amor y dolor especialmente, soledad y existencia de la palabra con el que el poeta justifica las necesidades creativas del hombre."

El discurso poético, Capítulo primero:

Las causas del desorden y su definición

La extrañeza y confusión de los versos en estos años, introducida de algunos, es queja ya universal entre cuantos conocen o bien desconocen nuestra lengua. Ofén dense los buenos juicios y juntamente se compadecen, viendo el disfraz moderno de nuestra poesía, que siendo su adorno legítimo la suavidad y regalo, nos la ofrecen armada de escabrosidad y dureza. Mas junto con este sentimiento, es tanta la modestia de muchos, que llegan a mostrar- se dudosos sobre si este modo de escribir, siendo a todos molesto, es en alguna manera acertado, si esconde misterios de ingenio, si alguna utilidad o circunstancia oculta por donde merezca estimarse y ser admitido de los nuestros. O ya que nada merezca, desean saber en qué se funda, de qué causas procede y por qué le apetecen sus autores, pues no es creíble que sin ningún fin o interés aunque sea engañoso nadie elija y abrace un error. Este celo tan cuerdo de los dudosos merecería ser correspondido de quien pudiese vencer sus dificultades, y aunque yo no me prometo tanto, quise

tentar si en limitado discurso cabía enteramente la satisfacción de la duda, que a muchos la debo por pregunta. Con este solo ánimo escribo este papel, donde no se culpa a ningún autor ni obra alguna señalada; sólo me remito a aquellas en que se hallaren los abusos aquí reprobados, dejando salvo derecho a los autores para que cuando acierten lo celebremos, que posible es la enmienda aunque difícil en nuestra esperanza, y en cualquier tiempo que la haya será agradecida de los cuerdos.

Es, pues, la suma de mi persuasión que el intento original de los autores propuestos, en su primera raíz es loable, porque sin duda los mueve un aliento y espíritu de ostentarse bizarros y grandes, mas, engañados al elegir los medios, yerran en la ejecución tanto que los efectos son vituperables y justa- mente aborrecidos, no en parte alguna útiles, antes en extremo dañosos a nuestra lengua y patria, introduciéndose en ella tal linaje de escritos y versos. Este sentimiento seguiré con la explicación en las breves hojas de este cuaderno, dividido en seis partes o capítulos. En este primero digo:

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Antes de escribir el poema,
con el lápiz en la mano
y el silencio hecho palabra,
me pregunto a quién demonios
interesa si este mar
ya no es azul ni si mi vida
de hoy es la que antes era.
Y si es lamento
o violín lo que suena
ahora en mi casa.
O a quién irán estos versos
y quién se aventurará conmigo
buscando esa luz inútil
que conduzca a una salida.
Éste es un viaje
sin más brújula que el viento
ni más compañía

que este miedo y esta noche.

Ana María Navales©

Nació en Zaragoza en cuya Universidad se doctoró en Filosofía y Letras y fue profesora de Literatura Hispanoamericana. Beca March y del Ministerio de Cultura. Fundó la revista de poesía Albaida. Es directora de la revista cultural Turia, y Jefe de la Sección de Creación Literaria del Instituto de Estudios Turolenses. El gobierno de Aragón le concedió en 2001 el primer Premio del Día de las Letras Aragonesas. Entre sus libros de poesía se encuentran Del fuego secreto (premio San Jorge), Mester de amor (accésit del Adonais), Nueva, vieja estancia (premio José Luis Hidalgo), Los labios de la luna, Los espejos de la palabra, Hallarás otro mar, Mar de fondo (1978-1998), Escrito en el silencio (1999) , Contro le parole ( Contra las palabras), edic. bilingüe español-italiano de Emilio Coco (Bari, 2000), Quel luengo albeggiari , 200, Write the Life (edic trilingüe inglés-español-búlgaro, Sofía, 2002 y Lo que la vida oculta (Málaga, 2004).Como narradora ha publicado libros de relatos como Cuentos de Bloomsbury (Edhasa,1991; Calambur 1999, Calambur 2003), traducido al búlgaro, francés y al inglés; Zacarías, rey (El fantasma de la glorieta, 1992); Tres mujeres (Huerga&Fierro, 1995) Cuentos de las dos orillas (Prames, 2001) y las novelas El regreso de Julieta Always (Bruguera, 1981), La tarde de las gaviotas (Unali, 1981), El Laberinto del quetzal, premio Antonio Camuñas 1984 ( Hiperión, 1985; Calima, l998) y La amante del mandarín (Sial, 2002). Su libro anterior La lady y su abanico. Acercamiento a la literatura femenina del S. XX. (De Virginia Woolf a Mary McCarthy) (Sial Ediciones, 2000), obtuvo el Premio Sial de Ensayo 2000. Premiada en certámenes nacionales e internacionales, traducida a numerosos idiomas, ha sido incluida en diversas antologías poéticas y, entre otras, en las antologías de narrativa española: Cuento español contemporáneo (Cátedra, Letras Hispánicas, 1993); Son cuentos. Antología del relato breve español. 1975-1993. (Espasa-Calpe, Austral, 1993), y Cuentos de este siglo. 30 narradoras españolas contemporáneas (Lumen, Femenino Lumen, 1995). Participa en el volumen colectivo Escritores ante el espejo. Estudio de la creatividad literaria (Lumen, Palabra Crítica, 1997). Ha sido la escritora española invitada al congreso de la literatura femenina hispánica celebrado en Marruecos, Toronto (Canadá), del 2000 y al de Guadalajara (México) 2004.

A mi señora, María Victoria Atencia.

Amnón andaba por ella atormentado, hasta

enfermar por Tamar, su hermana.

(2 Samuel, 13, 2-3)

Cuando yo era muy niña

una mujer amada me cantaba un romance

en las tardes altísimas del final del verano.

Pretendía dormirme con aquella canción

que contaba la historia

de dos hermanos moros cautivos en Granada:

Ella estaba con fiebres malignas en el lecho

y él, un guapo muchacho,

le llevaba una taza de caldo

oculta en la chilaba.

Yo jamás me dormía

porque jamás historia alguna me pareció tan bella.

La ternura corría caliente por mi sangre

como el caldo que a ella le calentaba el cuerpo.

y cerraba los ojos

y veía acercárseme a mi hermano

al que amaba más que a mi propia vida.

¿Cómo podría el tiempo disipar la memoria

de aquellas escaleras

pintadas en un ocre maravilloso y cálido,

y el mandil de la yaya

con el pañuelo siempre guardado en un bolsillo,

o aquella porcelana colgando en las paredes,

y los relojes viejos con esmaltes gastados,

y los paños de hilo componiendo figuras,

y aquellos reposteros de seda descrudada

cubriendo los pasteles?

¡Soñaba tantas veces con ser aquella mora

enferma palidísima!

Quizá para sentirme, como ella,

asistida, por el hermano amado.

Un día de tormenta partimos de viaje.

Y en el coche mi hermano jugaba con un coche.

Una vez más cerré los ojos húmedos

y me metí por dentro del juguete de plástico.

La penumbra y los rayos caían a mi boca

como cayera el caldo de la historia en la Historia.

No sé qué es el incesto.

Pero si alguna vez amé con amores carnales

a alguien de mi sangre,

fue aquella tarde hermosa de truenos y de lluvia,

en el asiento azul de un coche de juguete.

Isla Correyero©

 

Nació en Miajadas (Cáceres, España) en 1957. Estudió periodismo y cinematografía en Madrid. Es guionista de cine y televisión. Premios de Poesía: Cráter, Colección Provincia, 1984, Diario de una enfermera, Premio Ricardo Molina, 1996, La Pasión, Finalista Premio Mundial De Poesía Mística Fernando Rielo, 1999, Amor Tirano, Premio Hermanos Argensola 2002. Otras publicaciones: Lianas, 1988, Crímenes, 1993, Feroces, 1999. Incluida en Las Antologías De Poesía: Las Diosas Blancas y Ellas Tiene La Palabra. Lecturas significativas y eventos literarios: Palacio Real, Madrid, 2000, Fundación Monasterio de Yuste, 2004, Festival Poetry Internacional de Rotterdam, junto a Seamus Heaney, 2005, Cumbre Iberoamericana, representando a Cáceres: Patrimonio de la Humanidad,  Salamanca 2008.

Cómo llenarte, soledad,
Sino contigo misma.

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
Quieto en ángulo oscuro,
Buscaba en ti, encendida guirnalda,
Mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
Y en ti los vislumbraba,
Naturales y exactos, también libres y fieles,
A semejanza mía,
A semejanza tuya, eterna soledad.

Fui luz serena y anhelo desbocado,
Y en la lluvia sombría o en el sol evidente
Quería una verdad que a ti te traicionase,
Olvidando en mi afán
Cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
Con nubes sobre nubes de otoño desbordado
La luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
Te negué por bien poco;
Por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
Por quietas amistades de sillón y de gesto,
Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
En bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
Que yo fui,
Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
Limpios de otro deseo,
El sol, mi dios, la noche rumorosa,
La lluvia, intimidad de siempre,
El bosque y su alentar pagano,
El mar, el mar como su nombre hermoso;
Y sobre todos ellos,
Cuerpo oscuro y esbelto,
Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
Y tú me das fuerza y debilidad
Como al ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
Oigo sus oscuras imprecaciones,
Contemplo sus blancas caricias;
Y erguido desde cuna vigilante
Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
Por quienes vivo, aun cuando no los vea;
Y así, lejos de ellos,
Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
Roncas y violentas como el mar, mi morada,
Puras ante la espera de una revolución ardiente
O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
Cuando toca la llora de reposo que su fuerza conquista.
Tú, verdad solitaria,
Transparente pasión, mi soledad de siempre,
Eres inmenso abrazo;
El sol, el mar,
La oscuridad, la estepa,
El hombre y su deseo,
La airada muchedumbre,
¿Qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
En ti, mi soledad, los amo ahora.

Luis Cernuda©

Poeta español nacido en Sevilla en 1902. Perteneció a una familia acomodada donde respiró una atmósfera de estricta disciplina y desafecto reflejada en su carácter tímido, introvertido y amante de la soledad. Estudió Derecho y Literatura Española. Lírico exquisito, fue encasillado entre los representantes de la «Poesía pura». En 1925 comenzó a frecuentar el ambiente literario, haciendo amistad con los más destacados poetas de su generación: Alberti, Aleixandre, Prados, y García Lorca,  entre otros. Exiliado después de la guerra civil, fue profesor de Literatura en Glasgow, Cambridge, Londres, Estados Unidos y México, donde falleció en 1963.

Fun un domingo,
fun pola tarde,
co sol que baixa
tras dos pinares,
cas nubes brancas
sombra dos ánxeles,
cas palomiñas
que as alas baten,
con un batido
manso e suave,
atravesando
vagos celaxes,
mundos extraños
que en raios parten
ricos tesouros
de ouro e diamante.
Pasín os montes,
montes e valles,
pasín llanuras
e soledades;
pasín os regos,
pasín os mares,
con pés enxoitos
e sin cansarme.

Colleume a noite,
noite brillante,
cunha luniña
feitas de xaspes,
e fun con ela
camiño adiante,
cas estreliñas
para guiarme,
que aquel camiño
solo elas saben.

Dempois a aurora
co seu sembrante
feito de rosas
veu a alumbrarme,
e vin estonces,
antre o ramaxe
de olmos e pinos,
acobexarse
branca casiña
con palomare,
donde as pombiñas
entran e saien.
Nela se escoitan
doces cantares,
nela garulan
mozos galantes
cas rapaciñas
de outros lugares.

Todo é contento,
todo é folgare,
mentras a pedra
bate que bate,
mole que mole,
dálle que dálle,
con lindo gusto
faille compases.

Non hai sitiño
que máis me agrade
que aquel muíño
dos castañares,
donde hai meniñas,
donde hai rapaces,
que ricamente
saben loitare;
donde rechinan
hasta cansarse
mozos e vellos,
nenos e grandes,
e anque non queren
que aló me baixe,
sin que o soupera
na casa naide,
fun ó muíño
do meu compadre;
fun polo vento,
vin polo aire.

Rosalía de Castro©

Poeta gallega cuya obra, escrita en ésta lengua y en castellano, supuso junto con la de Bécquer, el inicio de la poesía española moderna. Todavía es ampliamente leída y sigue mereciendo constante atención crítica. Nació en Santiago de Compostela, hija de una mujer soltera de buena familia y de un seminarista. Su nodriza le enseñó la lengua gallega y le hizo conocer la poesía popular en esa lengua. En Madrid, ciudad donde se trasladó por razones familiares en 1856, conoce a Manuel Murguía, con el que se casó dos años más tarde y quien la puso en contacto con Bécquer y su círculo. En 1857 publicó su primer libro poético, La Flor, al que siguieron Cantares gallegos, de 1863, y Follas Novas, de 1880, ambos en gallego. Su obra principal, A las orillas del Sar, se publicó en castellano en 1884. Tuvo seis hijos, pero su matrimonio no parece que fuera feliz. Su salud fue delicada y su temperamento claramente depresivo. Con Cantares gallegos se situó como precursora, junto a Curros Enríquez y Pondal, del Rexurdimento cultural de Galicia. El libro tiene reminiscencias de la antigua lírica gallego-portuguesa, especialmente de la popular, con notables innovaciones métricas, y protesta contra el centralismo castellano y la vida miserable del campesino gallego que le obliga a emigrar. Por su parte, en Follas Novas, ve el mundo como adversidad, y la existencia humana como dolor, con toques intimistas. Algunos críticos lo consideran el mejor de toda la poesía gallega. En las orillas del Sar cambió de idioma, quizá porque Rosalía creyó agotadas las posibilidades literarias del gallego. Sus poemas, desprovistos de cualquier esperanza, suponen un punto de partida de la lírica moderna. Rompen con las formas métricas de su tiempo y presentan unas imágenes religiosas inquietantes y muy poco tradicionales. Galicia sólo aparece episódicamente, aunque ciertas metáforas evocan realidades de su país que es preciso defender. La emoción personal ante la felicidad que nunca se consigue resume la tremenda inutilidad que implica la aspiración a la belleza sobrenatural. Algunos de sus símbolos inspirarán a Antonio Machado. Por su parte, Juan Ramón Jiménez la sitúa entre los predecesores de la revolución poética iniciada por Rubén Darío. La crítica actual subraya su feminismo pionero. Rosalía de Castro también fue autora de las novelas La hija del mar (1859), de carácter folletinesco; Flavio (1861), una novela sobre la imposibilidad del amor, y la costumbrista Ruinas (1866). Además publicó las tituladas El caballero de las botas azules, en 1867, y El primer loco, en 1881. La crítica las sitúa muy por debajo de su poesía, aunque destaca los elementos fantasiosos y poco usuales en la narrativa de su época. Desde 1874 vivió en Galicia, y murió en 1885 en Padrón, A Coruña.

Ah, y debes saber

quizá lo hayas pensado-

que cada vez que te levanto la falda

si tuviera una máquina de escribir cerca

y si no tuviera las manos ocupadas en otra cosa

entonces, entonces sí que te escribiría buenas cosas.

Carlos Asorey-Brey©

 

Carlos Asorey Brey (Santiago de Compostela, España, 1956) tiene una larga trayectoria como guionista, tanto de series de televisión, donde ha colaborado en producciones como "Cuestión de sexo", "El comisario" y "Ana y los siete", como en largometrajes: "Pradolongo", "Cha cha cha".

Aunque otra cosa no respondiéssemos para provar que la poesía consiste en arte, bastava el juyzio de los claríssimos autores que intitularon de arte poética los libros que desta facultad escrivieron, y ¿quién será tan fuera de razón, que llamándose arte el oficio de texer o herrería, o hazer vasijas de barro o cosas semejantes, piense la poesía y el trobar aver venido sin arte en tanta dinidad? Bien sé que muchos contenderán para en esta facultad ninguna otra cosa requerirse, salvo el buen natural, y concedo ser esto lo principal y el fundamento; mas tan bien afirmo polirse y alindarse mucho con las osservaciones del arte, que si al buen ingenio no se juntasse el arte, sería como una tierra frutífera y no labrada. Conviene luego confessar desta facultad lo que Cicerón en el De perfeto oratore, y lo que los profesiones de gramática suelen hazer en la difinición della, y lo que creo ser de todas las otras artes, que no son sino osservaciones sacadas de la flor del uso de varones dotíssimos, y reduzidas en reglas y precetos, porque según dizen los que hablaron del arte, todas las artes conviene que tengan cierta materia, y algunos afirman la oratoria no tener cierta materia, a los quales convence Quintiliano diziendo que el fin del orador o retórico es dezir cosas, aunque algunas vezes no verdaderas, pero verisímiles, y lo último es persuadir y demulcir el oýdo. Y si esto es común a la poesía con la oratoria o retórica, queda lo principal, conviene a saber, yr incluydo en números ciertos, para lo qual el que no discutiere los autores y precetos, es impossible que no le engañe el oýdo, porque según dotrina de Boecio en el libro de música, muchas vezes nos engañan los sentidos; por tanto, devemos dar mayor crédito a la razón. Comoquiera que, según nos demuestra Tulio y Quintiliano, números ay que deve seguir el orador, y huyr otros, mas esto ha de ser más dissimuladamente y no tiene de yr astrito a ellos como el poeta que no es éste su fin.

Juan del Encina

(1468-1530) Juan de Fermoselle, verdadero nombre de Juan del Encina o Enzina, nacía en Salamanca (España) el 12 de julio de 1468, siendo hijo de un zapatero, y hermano de un profesor de música de universidad, Diego de Fermoselle, y de un sacerdote, Miguel de Fermoselle.
Bajo la tutela de Antonio de Nebrija, estudia retórica y latín, ingresando en el coro de la catedral en 1484 mientras que en 1490 obtiene las órdenes menores. Precisamente por esta época será conocido como del Encina, pseudónimo que según todos los indicios correspondería al nombre de la madre.
Tiempo después, y ya al servicio del duque de Alba, su hermano Fabrique, trabaja como músico y poeta, artes que cultiva en el castillo de Alba de Tormes e incluso en Salamanca hasta 1498, cuando marcha a Roma.
Del Encina estuvo luego en las cortes de los papas Alejandro VI y Julio II, y ya después de 1519, sería nombrado prior de la Catedral de León por el papa León X.
Curiosamente, compuso casi toda su obra musical antes de los 30 años, destacando entre su producción su Cancionero (1496), en el que se recogen poemas, villancicos, canciones y romances entre otros.
Sus composiciones destacan por su sencillez y espontaneidad, con variados y flexibles ritmos y melodías sugerentes, conjugando todo ello en una singular y transparente textura polifónica

I

El poeta que no escribe escuchando su voz es un hombre acabado. El hombre que habla con las palabras de otros es un calco de su derrota. El poeta que piensa sólo en poesía cuando habla es un simulador que no sabe cómo colocar sus manos, el hombre que cierra los ojos es la imagen del sueño descubriendo su propia derrota. El poeta que quiere ser a todas horas poeta es un hombre mezquino tras un sendero de falsos prestigios. El hombre que sólo a veces se siente poeta es igual de mezquino, pero se sabe a salvo cuando descubre el pensamiento en fragmentos que retratan su vida con descaro. ¿Por qué quieres escribir de la soledad cuando no amas? ¿Por qué hablas de la vida si hace tiempo que estás muerto? El poeta que mira a otro lado es un libro abierto con la cobardía de su tiempo. El poeta que mira con los ojos abiertos encuentra al hombre midiendo el tiempo y la vida que se vislumbra a cada paso. El poeta que persigue su voz con el error de su sentimiento verá la luz aunque le llegue el silencio. El hombre que se retrata en silencio conocerá su afonía y su lamento, un grito que la poesía llenará de eco en cualquier momento. ¿Por qué entonces se huye del hombre como se huye de la poesía? ¿Por que la poesía finalmente muestra la felicidad que no acontece? El que no escucha al poeta es un cuerpo a la deriva. El que no encuentra la vida, un poeta sin futuro con el semblante de un hombre perdido.

II

Recuerdo una pregunta que me hizo un lector, una interrogante que tampoco buscaba una respuesta, pero que asomaba como la duda, su sonrisa triste, su arrogancia inmediata, su andar de vuelta de todo. No buscaba la respuesta, parecía conformarse con la pregunta en sí. ¿Existe la poesía? Recuerdo mil posibilidades compartidas, frases que me asaltaban de inmediato, respuestas escuchadas a otros. Recuerdo el nerviosismo de la mente recorriéndome la mirada antes de que me sumergiera en un silencio al que me arrastraba la duda. ¿Debía de responder? ¿Mirándole a los ojos debía de comenzar a hablar sin más hasta dar con el discurso preciso o debía de agachar la cabeza y dejar que en la interrogante encontrara la respuesta? ¿Existe la poesía más allá del poema?, podría ser una última pregunta que lo complicara todo aun más si cabe. Pero la realidad se impone si somos capaces de nombrar con palabras aquello que no sabemos explicar con otras palabras precisas y dispuestas al momento. ¿Somos capaces de entender el peso de la duda en silencio, el tono del silencio sin palabras, la música de las palabras en la sonoridad de un registro nuevo? Existen pensamientos e ideas, cosas y objetos que con una extraña fascinación ante nosotros arrastran su melancolía, su tristeza, su coraje, su realidad oculta, una denuncia que otra, con el peso del olvido, con el poso de los remordimientos, como una mirada que cerrando los ojos lo abarca todo. Nuestra infancia, el pasado, la soledad de sentirnos solos, el presente, la mirada hacia adelante, el futuro, como una premonición que nos dice que existen tantas cosas que todavía desconocemos que existen como tantas preguntas se formulan sin encontrar una respuesta.

III

El hombre ha necesitado dar mil vueltas sobre sí mismo para descubrir después del eterno aburrimiento que depara la conclusión de las cosas más necias o los hechos repetidos, que la sociedad está presente y que pese a la historia, no se ha movido tanto de sitio como parece. Digamos que el lugar es otro, pero que los problemas siguen siendo los mismos. Pero ahora parece que hay lectores que se preguntan por el tipo de poesía que se escribe utilizando palabras como libertad, vida o futuro. En un futuro convertido en presente a punto de ser algo que corresponde a un reciente pasado pocas veces somos conscientes de la fuerza premonitoria que tiene la palabra que desenmascara con sus trampas y hechos a la misma historia. La poesía desde dentro mira al hombre con total libertad, con sus carencias y atributos. Porque hablamos del individuo no es poesía social lo que pretendemos, porque hablamos de la dignidad del hombre en el caos de las ciudades no es la anarquía lo que retratamos, porque reivindicamos la palabra no es acción política lo que reivindicamos. Buscando al hombre con sus conflictos, buscando el entorno con sus dificultades, damos con la palabra a la espera de un entendimiento nuevo. Palabras que tampoco han cambiado tanto se descubren como nuevas porque se presentan desnudas en el instante en que se muestra el poeta que intenta comprimir la realidad con todas sus contradicciones y consecuencias. Es la imagen de la poesía con el mundo de los sentidos cuando el mundo real y el imaginario se confunden como se reconoce el deseo por conocer el devenir de la historia y la imposibilidad de abarcarlo todo. El poeta busca su propio conocimiento con sus errores al descubierto, con sus miserias y dudas, su memoria y su recuerdo. La experiencia que le otorga saberse perdido entre tantas palabras y una sola vida que mirándose muy adentro encuentra la vida en tantos como le precedieron es un atributo de su lucidez. El valor de esta poesía que tiene más preguntas que respuestas y que se atreve con el retrato del individuo y la respiración de los que apenas tienen voz y palabra, es el coraje de buscar a los otros en uno, aun sabiéndose herido, como inevitable es la presencia de la poesía en un mundo eternamente perdido.

IV

La palabra del poeta busca su pleno sentido en tus ojos. Piensa el poeta que lo que dice y lo que piensa, son pies y manos cuando camina el poema que pasea con el lector de la mano. El poeta había medido sus versos, había abierto sus metáforas al peso de la incomprensión, a la indiferencia, al miedo a perderse, a lo que pudieran pensar de él si dejaba de ser poeta y se convertía en un hombre como uno más en una circunstancia cualquiera. Sentía pavor en lo que no creía, sentía que las palabras se le escurrían de las manos, por lo que había dispuesto algunas claves diluidas en el secreto del poema, para que nada se alejara de la nada como cuando uno no se atreve a declarar su amor o a revelar su pensamiento porque teme perderse entre tantas palabras cuando desde el poeta se ve al hombre. El poeta pensaba que el lector, sus ojos, verían lo que sentía el hombre aún no entendiéndolo del todo. Aun no estando con él pensaba que lo perdonaría. Pero no fue así. Los ojos vieron quizá su temor, intuyeron su nerviosismo, leyeron lo que quisieron escuchar sus ojos que leían, pues el lector pensaba que el poema estaba hecho a su medida y dedicado a su nombre. Lo que no fue escrito pensando en él, se hizo palabra en el hombro de un lector, de un amigo, de un amor perdido, alguien a quien confesar un dilema, un secreto o un viejo error cometido hace tiempo y hoy olvidado en la memoria, que es como la distancia que pesa la vida del poema. Lejana cuando no vuelve, cercana cuando se somete a la lectura de aquellas palabras escritas a solas y frente a un inexistente lector, que con tiempo, hizo suyo el poema.

Kepa Murua©

Zarautz, España, 1962. Bibliografía escogida: Abstemio de honores, Itxaropena, 1990. Siempre conté hasta diez y nunca apareciste, Editorial Calambur, 1999. Cavando la tierra con tus sueños, Editorial Calambur, 2000. Cardiolemas, Editorial Calambur, 2002. La poesía y tú, Brosquil Ediciones, 2003.

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